20.5.13

Final de época: Gkillcity y la muerte de la rebeldía*

1. De por qué pienso que Gkillcity es la cucaracha de la cocina en llamas

Cayó el Inmundicipio, caerá también Gkillcity. Me gusta pensar a estos dos espacios como Zonas Autónomas Temporales (siguiendo el concepto de Peter Lamborn Wilson), es decir, como territorios que mientras más alejados estuvieron de lo mediático y de lo estatal mayores fueron sus probabilidades de experimentar una verdadera libertad. El Inmundicipio desapareció y es saludable para todos; Gkillcity, por el contrario, está abandonando su cualidad de grieta y se está fundiendo en el entramado alienante del poder y de lo correcto. Ya lo advirtió Houellebecq: una buena fiesta es una fiesta breve.

Gkillcity nació como un arañazo al sistema de obediencia totalitaria que ha sido el socialcristianismo en Guayaquil. De sus textos podríamos elaborar una cartografía mental de la revuelta, como mínimo. Pero poco a poco la culpa inherente al progresismo sucumbió en una discusión permanente con ese enemigo casi imaginario que es el liberalismo en Ecuador. La podredumbre de la manzana no la produce el gusano sino el virus de la corrección política. Hay una frase que utiliza a menudo el escritor argentino Nicolás Mavrakis para referirse a quienes se permiten cargar enormes pesos sobre sus hombros morales: hormigas negras de la estupidez. Y se pregunta: ¿en qué se transforma la corrección política cuando deviene en espíritu patológico de control de la libertad ajena? En este caso respondemos que la rebeldía anti-establishment se convirtió en una posición rígida, creando lo impensable: una moralidad de la incorrección política, es decir, una patología de control casi invisible en la que se hace mofa de lo tradicional, de todo aquello que un marxista desubicado llamaría burguesía. Pensemos nada más en ese grito de batalla que es el Fuck you, curuchupa.

¿Y qué es ahora Gkillcity? Machos hegemónicos con vínculos en el poder gobernante. Representantes a la fuerza de una clase media normativizada por la “anarquía de la imaginación” (esa frase cojuda y tergiversada de una película que representa muy poca cosa). Querían ser lomenor y ahora ejercen la libertad como espectáculo, son el panóptico desde donde se articulan las imaginerías de lo rebelde cool.

Mis primeras colaboraciones para Gkillcity fueron en la sección de la Crónica del barrio. En ese momento no era consciente de mi desinterés por la crónica y  su enfermedad: el croniquerismo, que tanto afecta al periodismo local. Precisamente porque he sido parte, ésta es la sección que más he criticado. A ese primer equipo de cronistas se nos había indicado que debíamos describir nuestra zona, alejados de los lugares comunes que usan los diarios para tratar a los barrios, pero no ha funcionado, el balance entre la experiencia del cronista y los microsistemas de relaciones que llenaban el texto nunca fue equitativo. 

Podría contar con una mano los textos que merecen ser llamados crónicas y con menos dedos aquellos dignos de ser leídos. Esa confusión elemental en torno a la definición del género me pareció nefasta desde siempre, no se puede vender como crónica a un testimonio ni a una estampa costumbrista. Todavía me sorprende que el lector pueda permanecer tan indiferente al reporte meteorológico y a la introducción descriptiva. La muerte del periodismo no debería servir para engañarnos a todos.

Hace un año escribí en Twitter que Gkillcity se parecía cada vez más a un periódico cualquiera. Me mantengo en esa afirmación: se hace evidente la tibieza de ciertos textos y la irrelevancia de otros; la agenda periodística es cada vez más delgada. Lo que lo diferencia y lo salva es su posición política, que he denominado como síndrome de Lisa Simpson.

Gkillcity es la mirada bacán al ombligo propio. Es denegación e identidad confusa, como se lee en las primeras líneas de la descripción que está en su website. Esa exaltación del pueblo es innecesaria cuando se trata de un medio a todas luces elitista (una élite clasemediera con acceso a internet y a las deficiencias de la educación institucional). Toda la gogotería de lo urbano me sabe a años setenta, a realismo sucio, a pornomiseria, en fin, a un pasado sin superar. Gkillcity tiene un regusto a populismo que ni los sesudos análisis coyunturales de Arduino Tomasi o de Xavier Flores son capaces de eliminar. No tienen por qué, tampoco, siendo esa esencia errada la piedra fundacional de la página. Y ¿quién los lee? ¿Cuál es el público fiel de Gkillcity? Básicamente, el que está en Twitter, el pequeño jardín de los micro-intelectuales narcisistas. Y está bien, asúmanlo y dedíquense a su público de lleno, no militen el pobrismo ni lo popular marginal, no jueguen al Zizek criollo.

Una pregunta más: ¿quién lee artículos tan largos como aburridos? Antes dije que la audiencia es la que está en Twitter, aquella que no está dispuesta a consumir contenidos de forma tradicional, pero en Gkillcity parece que prefieren la comodidad del formato periodístico convencional. Más allá de los temas y del nivel de análisis, en Gkillcity no han sabido acoplarse al ritmo web, a las lecturas fugaces y a la evanescencia de los intereses; en ese sentido se comportan como un diario más. Un ejemplo: cuando se dio la polémica por la crónica de Arturo Cervantes sobre los “perros suicidas”, el CM de turno en Gkillcity lanzó un tuit sobre la irrelevancia de debatir un texto tan antiguo, lo que me pareció acertado, a pesar de que luego José María León asumiera la responsabilidad de dicho tuit y se disculpara por querer terminar la discusión. Allí vemos que incluso los lectores (casuales o no) tienen a Gkillcity como un diario más, y no como una revista virtual en la que los contenidos envejecen día a día, y en la que las opiniones de un testimonio poco gracioso no definen una línea editorial inexistente.

El internet trajo el fin de la verdad y el periodismo no termina de darse cuenta. Gkillcity, por lo tanto, tampoco. Las estrategias de este website son tan antiguas como el siglo XIX. Pensemos en Gkillcity como una vieja embarazada, donde el periodismo está en su punto álgido: lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. La opinión ha ocupado un lugar central en Gkillcity, igual que en cualquier periódico, como gancho principal para atraer lectores (a veces con lecturas negativas como la del texto de Arturo Cervantes); sin embargo, hasta ahora han asumido con ineficacia el interés creciente de la generación del internet por los datos duros y las estadísticas, allí está el futuro del periodismo.

El discurso (periodístico) de Gkillcity se ha dado, además, como herramienta de intervención en lares publica, a través de una aristocracia de la subjetividad que maneja su propia agenda periodística (que no es lo mismo que una línea editorial, ya hemos visto que Gkillcity no la tiene). El resultado es un lobby de intereses progresistas, con ideas que, si bien tienen la intención de beneficiar a otras personas, terminan por perjudicarlas. Y aquí podemos insertar una contradicción esencial: los abusos de poder del presidente Correa no han merecido ninguna mención especial, salvo unos tímidos intentos de cuestionarlo cuando se dio la entrevista para ECTV, en medio de un ambiente de nerviosismo total.

2. De por qué las cucarachas pueden sobrevivirnos

La semana pasada me escribió José María León, editor de este magazine, para pedirme que escriba algo “en el estilo de Por qué odio a Gkillcity”, una crítica que sería publicada en la edición número cien. Yo no odio a Gkillcity, fue mi respuesta, pero José María respondió con un “sí te le cargas un chance”. Quise partir de estas dos frases del editor para intentar esta crítica que deberá ser corroborada o refutada por los lectores de Gkillcity, nadie más adecuado.

Si algo es importante de aprender en la vida es a realizar lecturas críticas y a desembarazarse de la obligación moral de aportar al debate nacional. Más ética, menos buena onda. Para el club delbuenaondismo están los periodistas obedientes y los analistas de Facebook. Hay que deshacerse de esa filosofía barata y pedante del “no critiques y hazlo mejor”, ruin para una sociedad.

Desde el principio miré con distancia a Gkillcity, sin embargo, estuve en su fiesta de inauguración en el Inmundicipio, e invité a una clase de mi universidad a que asistan. Primero me interesó la propuesta pirotécnica e informal, muy a lo épater le bourgeois del decadentismo francés. A Ernesto Yitux y a Andrés Loor los conocía del medio anarquista local y de su blog Guayaquil Insumiso y el documental Guayaquil Informal, que de alguna forma anuncian y preparan el terreno a Gkillcity. De Xavier Flores admiraba la lucidez y la insistencia por argumentar su credo político. Del resto sigo sin saber demasiado, estoy seguro de que son un poco más que “un grupo de abogados”, como me dijo alguna vez Arturo Cervantes, y más que un Blanquito promocionando un servicio de telefonía estatal.

Aparte de las crónicas del barrio, he publicado en Gkillcity unos cuantos textos que fueron rechazados en otros medios. Uno de ellos fue un análisis de  la Feria del libro del año pasado, en el que enumeraba, sobre todo, desaciertos, y explicaba cómo la militancia excesiva limita cualquier buena intención. Otro fue una crónica de la última noche del bar Guayaquil de la Culata, conocido por sus recitales de poesía, y que estuvo clausurado temporalmente por la administración municipal antes de entrar en crisis y cerrar definitivamente. Esto es lo que rescato de Gkillcity, su apertura para acoger, aunque sea por un rato, un discurso fuera de su círculo interno pero que también forma parte de una ciudad acrítica y olvidadiza, que confunde pragmatismo con inmediatismo e ignorancia.

Lo positivo de Gkillcity es que ha logrado “customizar” sus contenidos de acuerdo a las preferencias de su grey (una muy progresista, reducida y muchas veces demasiado correcta). La “customización” de la línea editorial en el periodismo digital es clave cuando el periodismo tradicional está en una crisis de muerte por seguir usando fórmulas de hace más de cien años. Sería un error inyectarle imparcialidad a Gkillcity porque, claramente, hay una corriente ideológica desde la que se enuncia el discurso que no tiene por qué ser alterada, si es que hablamos de honestidad ética.

Retomando lo esbozado anteriormente alrededor de la figura del pueblo, me parece que cabría mejor hablar de generación. Cuando pienso en Gkillcity pienso en una generación nueva que por fin se está dedicando a discutir políticamente en todos los ámbitos que su juvenil y casi desmedida ambición les permite, que son bastantes.  Cuando pienso en Gkillcity pienso en el significado de masa crítica. Pienso, además, en ese acto casi performático que fue presentarle a la arquidiócesis unas decenas de firmas de personas queriendo apostatar, y del boom que se creó en los medios, tan sorprendidos como desubicados.
La  broma del editor de Gkillcity como poder fáctico está dejando de serlo. Hay que leer este proceso dentro del contexto de un final de época que, parafraseando al crítico literario Maximiliano Crespi, se estructura siempre como evangelio. Y es allí, en ese autoritarismo de los sentimientos, donde muere la individualidad y, finalmente, la posibilidad de la rebeldía.
(*) Publicado en Gkillcity, portal de periodismo alternativo, el 20 de mayo de 2013.

11.3.13

Ejercicios de melancolía*

UN RELATO QUE SE CUESTIONA CÓMO SABER CUANDO EL SIGUIENTE PASO ES QUITARSE LA VIDA

Publicada en 2012, esta novela del colombiano Tomás González, parte de una referencia -según el autor de este artículo- con el cuento Todos los fuegos el fuego, de Julio Cortázar.

La luz difícil es un poco más de un centenar de páginas que intentan dar un sentido a la vida cuando la muerte está encima de nosotros como espada de Damocles.  ¿Con qué objetivo vivir si lo único que tendremos asegurado será el dolor? ¿Cuál es el límite que nos indica que el único paso adelante es terminar con nuestra vida? ¿Hasta dónde se extiende, y con qué sentido, la vejez? Estas son las preguntas que asoman página tras página. Las respuestas no las vamos a encontrar, porque nadie puede darlas y porque el autor, sabiamente, actúa en concordancia a ello.

Hasta hace poco, esta novela protagonizó su propio boom, con varias ediciones en seguidilla y una intensa promoción. Tomás González (Medellín, 1950), autor nada nuevo, recorrió las páginas de infinidad de revistas y suplementos literarios; pocos lo habían leído antes. Ya sin la agitación febril y la recomendación insistente de las maquinarias culturales, la novela no solo se sostiene por sí misma sino que se levanta y echa a andar.

Tomás González nos acerca a la vejez de un reconocido pintor, David, sumida en el desparpajo de la memoria, aún lúcida, y de la degeneración física. David se esfuerza por dejar escrito su recuerdo más intenso, la muerte  voluntaria de su hijo. Al mismo tiempo va comentando su proceso de escritura y va hilvanándolo con su rutina diaria actual, que es también un relato de su propia desintegración.

Al lector medianamente aficionado a los libros le vendrá inmediatamente a la cabeza esta referencia: Todos los fuegos el fuego, el cuento de Julio Cortázar. La luz difícil se trata de una narración de dos tramas que se entrecruzan, o cabría mejor decir que se entretejen, de principio a fin del libro. Estas historias que avanzan paralelas comparten estilo y, lo más importante, una preocupación, la del narrador, de profundizar en el tema de lo escrito. Difícilmente una trama sobreviviría sin la otra en el relato del argentino, y en la novela de González la separación es imposible, cada una  provoca y cuenta a la otra.

En una de las vías está David con su familia inmediata: Sara, Jacobo, Pablo y Arturo. En la otra, veinte años después, David se encuentra mayormente solo, compartiendo los largos instantes de su vejez con Ángela, su empleada doméstica, y el esposo y el hijo de ella. La novela, a pesar del desfile constante de nombres, es una aproximación al valor de la soledad, la cual le permite a David disfrutar de la compañía de personas diametralmente opuestas a él y del desarrollo de una autonomía, con múltiples formas de cariño, que poco podemos imaginar.

La mitad de la novela tiene lugar en Nueva York, en los años anteriores al atentado del 11 de septiembre. Uso esta fecha como referencia porque la da el narrador también, porque son el horror y la tragedia de ese día los únicos símiles que encuentra él para describir su propia angustia y el vacío instaurados en su hogar. Es más, la descripción de ese estado emocional  fracturado es tan complicada que David alcanza nada más a comparar ambas situaciones; los rostros desencajados y la incredulidad latente como cobija serán parte de lo que trata de describir.

La ciudad que leemos está ubicada en los noventa, con pequeños saltos hacia la década anterior a esa. David y su familia se acoplan bien a ella, a sus altibajos. Sara, la esposa de David, trabaja como consejera de salud para prevenir el sida, la epidemia que asola a Nueva York. Recordamos entonces que esta ciudad, la del Soho, la del West Village, la capital financiera del mundo, tiene también sus cicatrices latentes. Ya vimos a la Nueva York del sida en esa magistral insolencia que es Kids, la película de Larry Clark; y algo atisbamos en Éramos unos niños, la autobiografía de Patti Smith.

En un punto de la novela, cerca del final, David parafrasea un dicho taoísta, confesando: “Cuando tengo hambre como, bebo cuando tengo sed y cuando estoy triste me pongo melancólico”. En esa frase queda condensada la ética del narrador y su estado emocional de los días en los que se ha impuesto el deber de rememorar y contar con inútiles palabras lo que, según él, mejor le saldría pintado.

Atención: quien no ha leído la novela bien puede dejar de leer aquí, a continuación viene un spoiler con una reflexión sobre el final. Pero si está claro que el secreto de una buena lectura no está en la anécdota, entonces continúen tranquilos.

Se dice que Carl Jung exclamó antes de morir: “¡Qué maravilla!”. También se dice que las últimas palabras de Goethe fueron: “¡Luz! ¡Más luz!”. David, un pintor que ha luchado toda su vida por la visión adecuada de la realidad para plasmarla en su obra, ve apagarse, literalmente, la luz, se está quedando ciego, y en sus últimos momentos de lucidez emprenderá la tarea de legar (no sabemos a quién, ¿a nosotros, quizá?) su memoria, en un tortuoso camino hacia el final que concluirá con una escena entrañable: su asistente doméstica, Ángela, escribiendo por él la conclusión final, una sola palabra: “Marabilla”.

(*) Publicado en la sección Cultura del diario El Telégrafo, el 11 de marzo de 2013.

3.12.12

¿Muere también la poesía?*

Amanda Pazmiño leyendo
El pasado jueves 22 de noviembre se vivió lo que sería, aparentemente, la última noche de poesía instaurada por el bar Guayaquil de la Culata.

Freddy Girón quiso rescatar el espíritu antiguo de la ciudad y bautizó a su bar de la zona rosa como Guayaquil de la Culata, haciendo alusión a uno de los primeros nombres del Puerto Principal. Allí se reunían desde artistas de todo tipo, hasta amantes de la salsa y del rock ochentero.

Pero hace menos de un mes el bar cerró sus puertas. Una ordenanza del municipio, que manda cumplir con un metraje mínimo tanto del área interior de los locales como de su parte frontal, provocó el cierre de al menos 31 establecimientos.

Ahora, el encanto de Guayaquil de la Culata, con sus infaltables recitales de poesía y trova, se trasladó al bar Magade, no tan lejos y no tan distinto. Carlos Torres, su nuevo propietario, comentó que quieren mantener la propuesta implementada por Girón: “no hay un lugar donde se reúnan los poetas; aunque vengo trabajando otro tipo de formato, uno más popular, quiero continuar la idea, además de presentaciones musicales como los sábados de salseros, por ejemplo.” Torres es también percusionista de la agrupación de salsa Urakán Tropikal.

El jueves pasado se realizó la ritual lectura, en la que estuvieron, entre otros reconocidos escritores locales, Juan Carlos Cucalón, Aleyda Quevedo, Luis Franco, Amanda Pazmiño y Siomara España. Todo bajo la dirección de Lucy Hidalgo, encargada desde siempre del área cultural de Guayaquil de la Culata.

“Nuestro segmento se lo llevó a cabo desde mayo, no solo hemos tenido poesía sino también música folklórica internacional, teatro, canción protesta. Nos han visitado alrededor sesenta autores de todo el país, e incluso colombianos, peruanos y argentinos”, dijo Hidalgo.

Esa noche también estuvo Armando Alzamora, de Perú, quien bromeó con ser autor del libro más robado de la Feria del libro de Quito, ya que perdió veinte ejemplares en la cita literaria. Él leyó en Guayaquil de la Culata antes de su cierre y ahora vino como público antes de su regreso a Lima.

Con pantalón rojo, camisa Lacoste y el pelo recogido en una cola de caballo, el narrador Juan Carlos Cucalón leyó dos relatos inéditos llenos de picardía y humor ácido. Mencionó que “ya estuve acá una vez y me sentí muy a gusto, se forma un ambiente agradable y es casi como una reunión de amigos”. Don Cuca, como lo llaman todos, es guayaquileño pero radicado en Quito, y el único prosista en esa noche de vates.

Luis Franco es de Santa Rosa, cerca de Salinas, y ya ha venido a las lecturas en otras dos ocasiones. Él es organizador del festival de poesía Sumpa Vive y actualmente prepara la antología del evento, llamada “Voces para el naufragio”. A su lado estuvo Hidalgo, quien se mostró preocupada “porque a las doce llega la policía a tocarnos la puerta”.

En el intermedio, se dio la intervención de Evocación, un conjunto joven de música nacional. Dos guitarras y un bongó acompañan la voz de Elizabeth Villacís. Además de ellos se presentó Jimmy Brito, quien con una guitarra eléctrica y una laptop animó la noche con una versión de “My Way”, de Frank Sinatra.

“Estaba en el (festival) Ileana Espinel y me enteré por una amiga de que iba a haber una lectura, vine porque me interesa”, me lo dijo César Ramírez en la barra del bar. Él estudia psicología y se acercó a conversar porque me reconoció de la facultad. Le dije que había venido a cubrir, él pidió algo para picar y lo perdí de vista.

Entre el público estuvieron también otros asistentes e invitados del festival de poesía Ileana Espinel, que se desarrolló la semana pasada. Su mesa fue la más bulliciosa y la que más aplaudió las intervenciones de Aleyda Quevedo y Siomara España; esta última dijo, antes de leer, que “perdonarán… tuve un inconveniente con el ron”.

Pasaron las horas, el local se llenó de humo y meneos de cabeza cada vez que un verso llegaba al corazón de alguien. De repente la sobriedad poética perdió la compostura y se convirtió en un alegre baile al son de la salsa. Pasada la medianoche, efectivamente, llegaron cuatro policías para hacer cumplir la ley.

(*) Publicado en Gkillcity, portal de periodismo contracultural, el 3 de diciembre de 2012.

20.11.12

Santiago Roldós cuestiona el valor de la soledad*

Una tragicomedia escrita y dirgida por el dramaturgo guayaquileño que aborda los sucesos de la infancia.

"Voy a tener un teatro pintado de negro en un lugar donde a nadie le importa", es uno de los diálogos que se dice en Ensayo sobre la soledad, la más reciente obra de la agrupación Muégano Teatro. 

Esta frase, que levanta risas entre el público, es también una fuerte autocrítica: la puesta en escena de esta producción sobresale por la ausencia de color, y Guayaquil no es precisamente una meca de las artes escénicas.

Escrita y dirigida por Santiago Roldós, con la actuación de Pilar Aranda, Marcia Cevallos y Aída Calderón, Ensayo sobre la soledad inicia su temporada en la Sala Zaruma del Teatro Sánchez Aguilar, del sábado 17 de noviembre al domingo 2 de diciembre.

Presentada este mismo año en el Festival Internacional de teatro de Manta, en el FIARTES de Guayaquil y en la Casa Abierta del ITAE, la creación de Muégano presenta algunas variaciones que responden, a decir de Roldós, "a la necesidad de profundizar en los conflictos, ya que una obra de teatro, normalmente, contiene muchas otras más que, debido a la mecanización y la repetición, suelen quedarse invisibles".

En Muégano apuntaron inicialmente a crear una obra para niños, quienes carecen de opciones de diversión libre de consumo. En el camino, Ensayo sobre la soledad se transformó en una indagación sobre la infancia.

"Hace falta una relación no clientelar con los espectadores. Doy el ejemplo de La Candelaria (grupo teatral de Colombia), cuando dijeron que el nuevo teatro colombiano sólo surgiría si lograban crear un nuevo tipo de público, maduro y exigente. Entonces, tiene sentido pensar, con respeto y la mayor inteligencia, que la cultura teatral nace desde temprana edad."

El teatro es una experiencia que solo queda impresa en la memoria, es irreproducible. A diferencia de otro tipo de discursos como el ensayo o la literatura, lo efímero del teatro es "muy similar y sintético en relación a la infancia, que esencialmente es el lugar de aprendizaje de la renuncia y la despedida".

El minimalismo de la escenografía contrasta, también, con otras producciones locales. Según Roldós, hacen un teatro "con gran economía de medios, que apuesta a una enorme riqueza emocional e intelectual", esto bajo la premisa fundamental de divertir a la vez que subvierten. 

De allí que se mencionen como influencias a Les Luthiers, Bugs Bunny y Brecht, pues, hay un interés en las experiencias vitales más que en la estética y sus efectos. "Si Bugs Bunny es un referente, no lo es sólo en tanto su estética o sus efectos, sino que remite a cómo llenaba los espacios de soledad de mi infancia".

Una obra de teatro es esencialmente una pregunta, afirma Roldós, y en esta pieza se cuestiona el valor de la soledad con momentos cómicos y otros, más bien, sombríos. Entre estos últimos está cuando una de las actrices dice: "lo más divertido es jugar a morirse", una cita textual oída en un parque a un niño. El sentido del humor que se maneja es el de la provocación.

"La comedia es el género político por excelencia, de ahí que sea tan terrible que la comedia hegemónica en Ecuador esté al servicio del poder y los prejuicios", asevera el director. La política de Ensayo sobre la soledad es la de los afectos, nunca en el sentido degradado de la lucha electoral, por poner un ejemplo. Podría decirse que Guayaquil vive un boom del teatro, con presentaciones cada semana. Ante la interrogante de si pasamos por una moda, Roldós piensa que "igual disfraza una necesidad vital. La cuestión de la madurez del teatro es una pregunta sobre la madurez de la sociedad, y de la autocrítica a la que está o no dispuesta a generar. Espectador teatral es alguien capaz de mirar con extrañeza y criticidad su cotidianidad". El tiempo nos lo dirá.

(*) Publicado en el diario Hoy, el 20 de noviembre de 2012.

11.11.12

Un Frankenstein teatral en blanco y negro que da risa*


La obra que se presenta en el Teatro Sánchez Aguilar, expone al mítico personaje con una dosis de humor y eclecticismo 

Al son del Bolero de Ravel, un coro de 14 personajes vestidos de negro con batas blancas baja por los escalones del teatro. Dividido en dos grupos, el coro se desplaza lentamente, mostrando al público, fila por fila, expresiones faciales exageradas junto a movimientos corporales repetitivos y descoordinados. Es el inicio de la primera escena de Frankenstein, la obra teatral que se presentará en la Sala Principal del Teatro Sánchez Aguilar en Guayaquil.

La productora Daemon trabajó una vez más en conjunto con el TSA y, en esta ocasión, con la colaboración de la Universidad Casa Grande. Más de 70 personas estuvieron involucradas en su realización y, a pesar de la publicidad y varias presentaciones de promoción, la obra ha sabido mantener sus secretos para sorprender a los espectadores. Sin embargo, por boca de Jaime Tamariz, director y productor, se sabe que hay un castillo de tres pisos, además de música original interpretada en vivo, incluso con un piano de cola que permance en escena. 

El Frankenstein de Daemon es, en palabras de la productora y encargada de la dramaturgia, Denise Nader, un reflejo de la criatura en sí misma, por lo fragmentada, caótica y divertida. Además, es el fruto del mestizaje de influencias muy diversas. En ese sentido, Tamariz comentó: "Se nota su cualidad ecléctica. Partimos de la película Young Frankenstein (Mel Brooks, 1974) para hacer un homenaje al cine de terror de la década de los treinta, sin alejarnos de la obra original de Mary Shelley". 

Brooks hizo una parodia de la obra literaria original, pero también rindió tributo al cine expresionista alemán. Nader afirma que se mantuvo el humor del filme pero como "elemento narrativo, expresivo de la realidad y de los sueños, se puede contar algo muy serio con humor y no empequeñecerlo un ápice".

El coro, que rompe la cuarta pared al surgir de entre los espectadores, marca la pauta para la ruptura y las exploraciones, características del trabajo de Tamariz. Al aporte de Brecht se suma el de Meyerhold con su biomecánica. La gestualidad de los actores supuso comunicar con el cuerpo. Por otro lado, resulta irónico que, tomando en cuenta que el expresionismo alemán fue una manera de crear sin recursos usando el ingenio para lograr efectos dramáticos y no decorativos, esta producción actual no escatime en gastos para reproducir lo que otros hicieron sin mayor financiamiento. 


"Esta historia busca intensidad, es una revisión de varias versiones en búsqueda de algo más personal. No estamos buscando realismo", aseveró Tamariz. La puesta en escena es, en su totalidad, en blanco y negro, lo cual favorece la expresión, pero fue mucho más laborioso para efectos de la producción. 

Alberto Pablo Rivera, quien personifica a la criatura, cuenta que no se ha creado un monstruo para asustar. Para preparar su personaje, el actor dijo tuvo que apagar su mente y reaccionar a las situaciones como si fuera un niño, volver a tener la capacidad de sorprenderse. 

Entre los actores hay tres españoles con una trayectoria en Madrid en televisión, teatro y cine: José Burgos, que ya vino para hacer arte, y también actuó en El Montaplatos y ahora será el Doctor Frederick Frankenstein; Ana Morgade, que vino para ser asistente de dirección en arte y ahora es Inga; y Paula Galimberti, que será Elizabeth, la novia del Doctor. 

Los actores ecuatorianos son: Marina Salvarezza (Frau Blucher), David Reinoso (Burgomaestre Kampf), Alejandro Fajardo (Igor) y Pablo Rivera. "Interpreto a dos personajes con los que exploro bastante -dice Reinoso, conocido por su labor en el programa humorístico Vivos-. La obra tiende a la hilaridad, algo que no es tan distinto al trabajo que he desempeñado".

Las actrices españolas coinciden con él, las improvisaciones fueron comunes: "partiendo desde el texto para hacerlo crecer a un punto en donde nos encontramos cómodos y hace bien a la obra", añadió Galimberti. 

Por su parte, Marina Salvarezza, originaria de Italia y residente por largo tiempo en el país, aseguró indentificarse más con la estética de la obra fue. "Me identifico con la forma original del expresionismo. Creo que soy la más alemana del proceso… Los padres deberían venir con sus niños. Es un espacio ideal para compartir".

(*) Publicado en el diario Hoy, el 11 de noviembre de 2012.

29.10.12

Una feria agridulce*

Mirada crítica a la FIL-Gye 2012

La semana pasada Guayaquil operó como un puente entre los distintos discursos que se congregan alrededor del libro en Latinoamérica. Con recitales, presentaciones, video-foros y conferencias, los invitados a la Feria del libro establecieron conexiones con sus lectores, algo esencial para acercarse a la lectura.

A diferencia de la Expolibro (organizada a mediados de año por el Municipio), acá no hubo helados de coco ni cuerito de chancho. La mayoría de los expositores tenían una relación estrecha con la lectura, y un poco menos con la literatura. La disponibilidad de dinero estatal ($350,000 dólares, según la ministra Erika Sylva) hizo que no se dependiera de otro tipo de comercios para sostener la feria.

Y sin embargo fue, figurativamente, una experiencia agridulce.

¿Por qué?

1. El tema era “Memoria e identidad”, a propósito del centenario de nacimiento de Enrique Gil Gilbert, Nelson Estupiñán Bass y Nela Martínez, y de los cien años de la Hoguera Bárbara, la muerte del mártir favorito del correísmo. Posibilidades constreñidas a un planteamiento político limitado. Vivimos bajo un gobierno que ha convertido el “prohibido olvidar” en fetiche ideológico. En ese sentido se da la invitación de Manabí como expositor principal, y el recordatorio de que hay un elefante blanco (Ciudad Alfaro) que a casi nadie le despierta la memoria. El espacio para la provincia estuvo ubicado fuera del recinto ferial, donde hubo desde bisutería hasta café pasado. Adentro se acondicionó un pasillo con los recuerdos literarios de Manabí, donde pocos se detuvieron.

2. El III Encuentro de Ciencia-ficción es, sin duda, una muestra de lo que se puede lograr con pasión y sin envidias; uno de los puntos altos. El año pasado nacieron, de este encuentro, las Tertulias de Ciencia-ficción (fundadas por Fernando Naranjo y Denise Nader) pero lamentablemente en los eventos dedicados al género la presencia de público fue mínima, nunca pasó de las 20 personas.

3. El stand de la librería Sabueso, ubicado junto a la entrada, pudo haber sido la única parada. Su dueña, Luzmarina Salgado, comentó que se especializan en libros diferentes, difíciles de encontrar en un local comercial. Sabueso abrió hace 5 meses en Quito, pero antes ya eran una tienda virtual. “Ha venido muy poca gente, la feria está mal”, dijo Salgado.

4. Armando Alzamora vino desde Lima con cerca de 500 libros de la librería Comala. Él se atrasó en llegar desde Perú y los encargados de la organización decidieron que le darían el espacio a alguien más. Finalmente el peruano llegó y lo colocaron en un pasillo frente a la sala Nela Martínez, le dieron una mesa vieja de plástico y dos estanterías donde nunca entró toda su mercancía. A Alzamora nunca le asignaron un stand, pero fue muy visitado por el rápido rumor de tener la mejor oferta literaria, incluyendo editoriales que acá ni se asoman, como Mansalva, Eterna Cadencia o Caja Negra.

5. La Campaña de lectura Eugenio Espejo, coordinada por el escritor Iván Egüez, es otro ejemplo de autogestión sin pasar por el “lamebotismo” común en el país. Producen libros a bajo costo con una periodicidad mensual. Además, publican la revista Rocinante, que junto al suplemento CartónPiedra (El Telégrafo) son las 2 iniciativas de difusión cultural más representativas del país. En Quito los libros de la Campaña se reparten junto a las planillas de servicio básico, cobrando al usuario un valor mínimo; en Guayaquil se ha intentado hacer lo mismo pero hasta ahora Nebot no ha aprobado el proyecto.

6. Bertha Díaz, quien tuvo a su cargo una mesa de discusión sobre teatro, afirmó que en su invitación a la feria destacaban su importante aporte a la literatura desde el plano de la memoria y la identidad, lo cual, obviamente, se lo habían dicho a la totalidad de los invitados. Palabras mecánicas de una política gobiernista que no tolera la reflexión crítica pero lo sabe disimular. Por el contrario, el poeta Carlos Luis Ortiz declinó la invitación pero nunca lo eliminaron de la programación.

7. Una de las lecturas de poesía convocó a la mexicana Daniela Camacho, la argentina Diana Bellesi y a las ecuatorianas Carolina Portaluppi y Sonia Manzano. Nos golearon jugando de locales, un resultado que se esperaba. Lo que fue una sorpresa es la entretenida capacidad anacrónica de Manzano para leer sus poemas, en donde la “licencia poética” le permitió cambiar sed por sec y mamut por mamuc.

8. Durante casi toda la feria se realizaron talleres de breakdance y rap a cargo del colectivo El Galpón. Quien encuentre un aporte importante del hip hop a la literatura o a la difusión de la lectura que me lo diga ahora mismo. Pero las sesiones tuvieron una buena acogida. David Bonilla, quien prefiere ser llamado Lion, dijo que en Guayaquil es muy difícil acercar esta expresión cultural a la ciudadanía en general. Él y su grupo estuvieron en diversos barrios con raperos locales, bailando y cantando, y de todas partes fueron expulsados por agentes metropolitanos.

9. Villa Cartón: Dadaif Indie-art, Camareta Cartonera, Murcielagario Kartonera, Niño Búho, La One Hit Wonder y la Cartonera Intercultural, editoriales que fabrican sus libros con material reciclado. Se caracterizan por la infinidad de eventos que realizan, ya sean lecturas, presentaciones de libros o performances, lo cual es una vitrina interesante. También han sucumbido a la moda de compilar antologías sin ton ni son, producto del incesante turismo literario que se da hoy en día. Su posición editorial parece una carrera armamentista. Gabriel Paz, quien estuvo a cargo del stand de Casa Morada, maneja dos proyectos: Niño Búho y La One Hit Wonder.

Como si uno no bastara. En su stand, los de Camareta acogieron a los quiteños de Murcielagario Kartonera, quienes una semana antes del inicio de la feria recibieron un mail del Ministerio diciendo que no habría espacio para su propuesta. Lo curioso es que no parecen decidirse por un precio fijo, los valores fluctúan demasiado, desde $3 hasta $7. Hay que preguntarse si el producto realmente lo vale, es decir, si hay un trabajo literario de calidad. Porque se han dado casos de personas que quieren comprar solo las portadas para poner otras hojas y hacerse un cuaderno.

10. En la rueda de prensa antes de la inauguración, le pregunté a la ministra de cultura por qué no fortalecen la feria de Quito, siendo un país tan pequeño, y me respondió que si de ella dependiera haría una feria en cada ciudad del país. Me pregunto qué tan beneficioso es disolver las iniciativas con la excusa falaz de llegar a todas partes si ni siquiera hay medidas a largo plazo para el estímulo de la lectura.

11. A pesar de todo siempre es recomendable acompañar procesos como éste. La crítica literaria Cecilia Ansaldo da el ejemplo, habiendo cuestionado fuertemente a la feria, cedió por el homenaje a Nela Martínez, a quien conoció personalmente. Hay que valorar lo que se produce y aprender a juzgar para mejorar, el chauvinismo debe exiliarse.

Finalizada la feria 2012, el torniquete de ingreso registraba más de 350,000 visitas, superando las 25,000 del primer año y las 50,000 del segundo (según datos recogidos por diario El Comercio). Cabe resaltar que el día sábado por la noche, mientras esperaba en el lobby de entrada al MAAC, vi que el encargado del ingreso hizo rodar al torniquete en múltiples ocasiones, dándole varias vueltas cada vez. ¿Importan tanto los números, contra quién se compite y qué se quiere demostrar?

(*) Publicado en Gkillcity, portal de periodismo contracultural, el 29 de octubre de 2012.

17.10.12

Cristian Avecillas: "El poema es un acto de convivencia con el otro"*


Entre vistazos a la ciencia ficción cubana o la historia del cómic en Argentina, pasando por la producción teatral chilena, la Feria Internacional del Libro también dedica un espacio para mirar hacia dentro. Un ejemplo es la presentación del poemario Estrategias para descarriar a una mujer, de Cristian Avecillas.

Ataviado con una camisa blanca y su infaltable sombrero de paja toquilla, a Cristian le preocupa el incesante turismo literario. Como ejemplo cita la proliferación de antologías internacionales en las que no siempre hay un trabajo de calidad. Él, dice, prefiere desarrollar su voz lírica y plasmarla en poemarios que den cuenta de su madurez como autor y no de la cantidad de amigos que puede conseguir o de los países a los que puede enviar sus versos.

Esta concepción de la escritura hizo que tardara ocho años en terminar Estrategias… “Soy pausado para escribir y no tengo prisa en publicar, uno tiene que ser consciente con lo que brinda al hipotético lector… El proceso fue relativamente corto, el tiempo del hombre no es el tiempo del poema”. Cree que es indispensable reposar la obra, pues “nuevas experiencias vitales harán que tome rumbos interesantes”.

Sucedió así con este libro. El hecho de obedecer a tres voces diferenciadas (una femenina, otra masculina y un coro) hizo necesaria una marginación espacial poco común. Todo bajo lapsos temporales con implicaciones cinematográficas: personajes, ambientaciones. Sin querer inventar nuevos discursos, el poema se justifica solo; incluso quitándole su estructura, que “no es la causa del libro sino una forma de llegarle al otro”.

Siguiendo una línea de amor convencional, el poemario se abre a varias posibilidades de lectura. Cristian Avecillas lo ve como el cortejo en la modernidad, “sin olvidar de donde vienen estas intenciones: Ovidio con El arte de amar; Geometría moral, de Juan Montalvo; y Fragmentos de un discurso amoroso, de Roland Barthes. Fueron sustento para un nuevo cortejo en tierra ecuatoriana, donde todo está caliente y es lírico”. Además recalca que ahora tenemos otra forma de estar en el mundo, y eso cambia las identidades masculina y femenina.

“La mujer ya no es el objeto sexual, por el contrario los hombres pasamos a convertirnos en objeto cuando la mujer asume su sexualidad libremente, su descarrío, y comanda poéticamente todos los órdenes de la vida amorosa”. Así es lo femenino en Estrategias… Una mujer que se deja sugerir, pero es actuante y decide, se deja conmover pero no convencer; un cuerpo de inteligencia propia. El hombre lo que hace es inventar artificios para retener. El coro es una voz divina, un oráculo que actúa e interviene.

La construcción del libro permite la forma de montaje teatral, con tres actores dialogantes. La mujer es tragedia; el hombre, comedia; y el coro, el drama; según las tres unidades aristotélicas de la creación escénica. La intención es traer algo clásico como el amor corpóreo a un momento de modernidad que vivimos a través del cine.

Sin embargo, “el poema no lo aguanta todo, tiene que haber ritmo, un salto de la belleza en la verdad, y un hombre detrás de eso, nunca una inconsciencia accidental que ponga palabras que solo provoquen extrañamientos. El poema no es terapia, no se trata de reportar inferioridades, o traumas infantiles, o las venganzas que tengo que imponerle al mundo. El poema es un acto ceremonial de convivencia con el otro, todo lo humano tiene que ser propuesto, todas las cosas que nos definen como especie”.

Actualmente se están preparando nuevas ediciones de este libro en Perú, México y Venezuela.

(*) Publicado en la revista Expresiones del diario Expreso, el 17 de octubre de 2012.

16.10.12

Un contacto de otro mundo*


Sobre el III Encuentro Internacional de Ciencia Ficción en Guayaquil.

El recinto ferial parece un homenaje a Jorge Luis Borges, uno de los mayores escritores que ha tenido América del Sur. Sus pasillos como senderos que se bifurcan conforman un auténtico laberinto por el que se pierden con gusto los amantes de la lectura. En una de sus arterias está la sala Galo Galecio, el lugar elegido para las reuniones de la tercera edición de la Feria Internacional del libro.

El autor argentino es también una de las mayores influencias para quienes cultivan el género de la ciencia ficción. Él y Bioy Casares revitalizaron una corriente que permanecía alejada de lo que se consideraba literatura “seria”. Sin embargo, hoy en día aún permanece a la sombra del canon, y allí dentro las obras de Latinoamérica constituyen otra dimensión, minimizada todavía más que sus pares europeas o estadounidenses.

Entre los invitados al III Encuentro Internacional de Ciencia Ficción estuvieron el cubano Yoss Sánchez y el chileno Marcelo Novoa, autores y entusiastas de este género. Ellos mantuvieron el día domingo un conversatorio con el escritor ecuatoriano Jorge Miño. El diálogo lo moderó Denise Nader, narradora guayaquileña, fundadora y coordinadora de las Tertulias de Ciencia Ficción, una convocatoria mensual que busca difundir y discutir sobre esta corriente.

“El realismo no alcanza para definir al mundo”, afirmó Sánchez, y añadió que vivimos en medio de una fisura puesto que hay una generación a la que esta época le parece ciencia ficción. El auge de los teléfonos inteligentes y demás novedades de la tecnología es un universo extraño para gran parte de la población. Allí radica la vigencia de este tipo de literatura. Sánchez insistió: “La ciencia ficción es una necesidad, no está hecha para pronosticar sino que coloca en el mañana un espejo para vernos hoy… se la escribe para evitar la crisis”.

Novoa habló acerca de la tradición perdida pero que “está saliendo a la superficie, sin preocuparnos de estar validados por el llamado ‘Primer Mundo’. Las ideas de la ciencia ficción latinoamericana son infinitamente más potentes, en términos de espejo e identidad, que el realismo a secas”.

La literatura fantástica es para Novoa siempre metáfora de algo. “Se moja más los pies, a veces se resbala y cae, pero otras se mantiene en pie, como en el caso de 1984 (novela de George Orwell), una obra en la que se vieron distopías que luego se hicieron reales”. Más que metáforas, estamos ante respuestas a problemáticas actuales.

Hay un permanente conflicto entre los cultivadores del género y otros escritores más convencionales. Últimamente ha habido incursiones de autores como Michael Chabon, Michel Houellebecq y Rodrigo Fresán en un campo que no les pertenece. Para Novoa este coqueteo con la ciencia ficción es saludable porque permite la discusión y borrar los prejuicios. Sánchez piensa que no debe perderse la esencia contracultural y subversiva, que hay que alimentarse de lo prohibido y lo desagradable. Se trata de un campo de pruebas, la frontera entre “el pantano del underground y los escalones del mainstream”, según el narrador cubano.

En ese sentido Susana Sussmann, escritora venezolana que participó el año pasado en el encuentro y esta vez vino por su cuenta, agregó: “Estamos en la transición, estas incursiones hacen que el nombre deje de verse tan de segunda, luego el mercado editorial nos mira y nos sacamos el prejuicio”. Sin embargo, fue enfática al asegurar que la ciencia ficción es una literatura de ideas con un elemento especulativo. No siempre entra lo científico, puede haber también recreación histórica, pero el núcleo es el argumento, no el estilo.

A partir de la última feria surgió la idea de las tertulias, como una réplica de las que se llevan a cabo en Caracas y Buenos Aires. Con 10 reuniones realizadas hasta ahora, Denise Nader comentó que la idea es abrirse hacia otras disciplinas. “Nos agrupamos para conversar, pero no queremos dejarlo ahí, queremos hacer concursos, tener un programa de radio… Conectarlo con otros saberes”.

Para Nader la ciencia ficción siempre estuvo presente, desde pequeña la atrajo la astronomía y el espacio, pero “el género es muy autorreferencial, no es necesario conocer de ciencia; ocurre lo contrario, muchos se han acercado a ella a través de la lectura”.

La ciencia ficción es un apodo más que tiene la literatura, para Sussmann es una metáfora que busca reflexiones, que nos habla de los límites de ser humano. Jorge Miño, por otro lado, prefiere no jugar a las clasificaciones y comenta en tono jocoso: “Si alguna vez llegan los marcianos, todo lo que hemos escrito no será más que novela histórica”.

(*) Publicado en la revista Expresiones del diario Expreso, el 16 de octubre de 2012.

9.10.12

Evelyn Aguirre, una doctora a la moda*


Un Big Ben que marca siempre las seis rige la entrada a la ciudadela Londres, dentro del conjunto residencial Valle Alto. Allí tiene su casa la doctora Evelyn Aguirre.

Su hogar recuerda, a su vez, al barrio inglés de Camden Town por sus paredes coloridas y llenas de cuadros, además de lámparas con formas extravagantes. Si sumamos a esto su gran colección de sombreros, bufandas y bisutería, Aguirre parece una diseñadora de modas en lugar de odontóloga.

“Comencé a comprar los sombreros desde que vivo vía a la costa y empecé a viajar frecuentemente a la playa. Se los compraba a los señores que vendían en el peaje... me encantaban. Algunos no me calzaban y se me volaban, entonces pensé: ‘para no ir detrás del sombrero mejor me hago uno a mi medida’; fue ahí cuando descubrí que existía una marca en Ecuador que los hacía”, narra Evelyn. Su dueño, Alejandro Lecaro, le regaló por su cumpleaños el que ahora es su favorito y que lleva inscrito su nombre en la parte interior. Este sombrero, calificado como ‘Fino’, puede llegar a costar hasta 600 dólares y es fabricado a mano en serie limitada.

Actualmente Aguirre suma más de 60 gorros. Algunos son tradicionales, otros están elaborados con tejidos sintéticos, lana o lentejuelas. Hay uno de color blanco que tiene un loro pintado en un costado, otro lleva un cierre en lugar de la típica banda de tela. Entre la gama de colores destacan los fosforescentes; otros, por su sobriedad y elegancia. El tamaño varía, unos con ala corta y otros con ala larga, ideales para un día de sol.

“La bisutería nunca la he contado, tal vez son más de 50 collares. Algunos los he descartado porque son de semillas y se dañan por el calor y la humedad”. En cuanto a bufandas, la cantidad es similar. Una de ellas, su favorita, cumple una función doble ya que también es una especie de pasamontañas. La compró en Perú y le agrada su adaptabilidad, si hace frío cubre su cabeza y si hace calor rodea su cuello con ella.

Últimamente ha parado de adquirir bufandas porque muy pocas veces las puede usar en Guayaquil. “No voy mucho a la Sierra y por mi trabajo no puedo ausentarme. En las noches muy frías sí sirve ponérselas”. En cierta ocasión compró material para confeccionarlas ella misma y divertirse haciéndolo. “Las compro para vestir, para combinar. No todas son de lana y sirven como un accesorio más en lugar de un collar”.

Contrario al tratamiento normal que un coleccionista da a sus objetos, Aguirre usa a diario los que ha reunido hasta ahora. “Mis amigas me dicen que se me ven bien. Pienso que es cuestión de hacer la prueba. Hasta ahora nadie me ha dicho: ‘no te queda, quítatelo’”.

Evelyn cree que su gusto se ha vuelto una adicción. A veces no se da cuenta de que compra dos veces un sombrero, solo ve lo que le gusta y lo pide sin percatarse de que ya lo tiene.

“El sombrero de paja toquilla me hace sentir muy ecuatoriana, no lo cambiaría por el de paño o el de tejido artificial, va muy de acuerdo con lo que somos, nos representa”. Incluso tenía uno con la bandera de Ecuador y lo regaló porque se le hizo imposible decirle no a alguien que le dijo que le encantaba y quería tenerlo.

Recién comprados, los ‘Panama hats’ vienen doblados en una caja, pero un día que estaba lloviendo y ella no quería que se mojara el sombrero se le ocurrió colocarlo en su posición original y se dañó completamente. “Aprendí que no pueden pasar más de 48 horas envueltos porque se dobla la paja, el mío tuve que llevarlo a la fábrica para que lo reparen”.

El precio que ha pagado por los sombreros oscila entre los 25 y 55 dólares, aunque algunos le han costado hasta 80 dólares. “Yo no me fijo en el precio porque sé que les voy a dar un buen uso, aquí a la gente le parece raro que alguien use sombrero... hay la burla de si uno se va a subir a un caballo o se va a la playa”.

Aguirre guarda sus sombreros en un cuarto de su casa, uno encima de otro en una cama sin ocupar. “Me dicen que los guarde en un ambiente fresco. Sobre todo cuido que no se quiebre el ala, ya que puede tomar la forma del lugar donde se dejan. Hay que juntarlos de acuerdo con las tallas y al modelo para que no se dañen”.

Aclara que aunque no se niega a regalarlos cuando se lo piden, hay muchos que tienen recuerdos que están marcados por los eventos en los que los ha usado. “Yo no creo que tenga un límite, mi preocupación ahora es cuidar los que tengo, quiero hacer un mueble especial, no se pueden quedar sueltos. Podría tener 100 o 200. Siempre he pensado que la que terminará usándolos será mi hija, ella los heredará”.

(*) Publicado en la revista Expresiones del diario Expreso, el 9 de octubre de 2012.

5.10.12

Cecilia Ansaldo: "Guayaquil está signada por iniciativas culturales que se mueren en el camino"*


En noviembre de 2010, un mes después de que Mario Vargas Llosa ganara el Nobel de Literatura, se abrieron las puertas del espacio cultural Estación Libro Abierto. Con el afán de multiplicar el interés por la difusión de la lectura, Cecilia Ansaldo, María Mercedes Vélez, Rommy Moeller y Andrea Nader han evolucionado su iniciativa, desde abordar al escritor peruano hasta hoy en que organizan su primer concurso de cuento.

Después de dos años de trabajo, ¿han logrado su propósito?

Tuvimos el impulso de fundar un espacio cultural en este sector, que para entonces no tenía sino iniciativas institucionales por las artes plásticas y nada más. En estos 2 años, se hizo lo que se propuso: dar talleres en el ámbito de la literatura y el cine. Este año nos abrimos a la filosofía; esas son las tres áreas en las que trabajamos. Además, hacemos presentaciones de libros y conversatorios con escritores. Este año hicimos nuestra primera convocatoria a un concurso de cuento literario, queremos mantenerlo con una periodicidad aún no definida.

¿Podría decirse que el concurso de cuento enlaza directamente con su ambición editorial?

Así es. Talvez permita descubrir gente callada de cara a la comunidad, nuevos valores. Esos escritores podrían tener oportunidades de publicación, ya que ganar un concurso focaliza la mirada y le pone firmeza a una vocación. Eso se busca.

¿Montaron su oficina en Samborondón pensando en ese nicho que faltaba cubrir?

En Guayaquil ya hay otros espacios; los clubes de libros proliferan por toda la ciudad. Este era un nicho intocado en materia literaria por entonces. En este momento estamos tan problematizados en tránsito, en agenda personal y tiempo, que pienso que la gran mayoría de personas aspira a tener sus preferencias en actividades culturales mucho más cercanas. Creo que Samborondón se ha ido multiplicando, con sitios como No Mínimo, Tinta Café y la galería de Patricia Meier.

En los talleres, ¿hay una línea definida de autores?

Trabajo con narrativa contemporánea desde hace 3 años. Partiendo desde el siglo XX, he avanzado e incluido esa clase de literatura que no se leería a solas, esa novela desafiante y experimental que exige una lectura más atenta y racionalizada. Faulkner, por ejemplo. Hay otros cursos de diseño más concreto, de ocho a diez sesiones, con temas más concentrados. Por ejemplo, Vargas Llosa con La fiesta del chivo o el que inauguramos hace poco de García Márquez, con dos cuentos y la novela Cien años de soledad.

En cuanto a los conversatorios realizados, ¿cree que debe romperse la barrera entre escritor y lector?

Hemos recibido a los últimos premios Alfaguara: Juan Gabriel Vásquez y Leopoldo Brizuela. Accedimos a testimonios de escritura y de concepción de obras en concreto. También estuvieron aquí Leonardo Valencia, Fernando Balseca, Marcelo Báez. Romper esa barrera es importante. Hoy la obra no es solamente un objeto parado en una repisa; la obra está ligada a un ser humano. Lo ratifico en todas mis conversaciones; conocer al autor, ligar a una persona de carne y hueso con un producto literario motiva enormemente al lector y multiplica su interés y curiosidad.

Se dice que los talleres o clubes de lectura son grupos de autoayuda...

Me parece un criterio agresivo y descalificador, la mayoría de los clubes está integrada por gente a la que le gusta leer. Y leen desde su infancia, en desorden y con elecciones propias, pero leen siempre. Lo que he visto que han hecho los clubes es conseguir el espacio del intercambio, a veces son conversaciones desordenadas, hay falta de sistematicidad y abordan impresiones personalistas. Pero ocurre que en los últimos años no funcionan así, hacen la elección de un coordinador especialista en literatura. Invitan a escritores para orientar lecturas específicas.

¿Son lugares para personas desocupadas?

Falso, algunos habrá talvez, no los conozco a todos. De los que conozco, te puedo decir cuán en serio se toman su trabajo.

¿Qué hacer para no quedarse en lo superficial?

Creo que el mayor esfuerzo es mantenernos activos con firmeza, esa es una meta. Guayaquil está signada por iniciativas culturales que se mueren en el camino, ya sean revistas o grupos, lo sabemos todos. Queremos también diversificar la oferta. No podemos convertirnos en academia, tampoco, esa no es la intención. Queremos sacarle partido a la lectura y lo estamos consiguiendo.

¿Podría decirse que en Estación Libro Abierto están en contra de la lectura como pasatiempo?

No puedo entrar de una manera tan tenaz en la vida de las personas. Quisiera que adquieran la destreza de no dejarse engañar por el libro fácil o el bestseller, que tanto se ponen de moda. Que lean lo que quieran leer, pero sin engañarse.

¿Cuál es la diferencia entre la Estación y otros espacios más ‘light’? ¿Estos últimos son importantes de alguna manera?

Por la dedicación del tiempo, no es lo mismo una cita mensual a una semanal y sistemática con esquema previo de análisis. Yo creo que sí son importantes, la lectura cada vez tiene menos adeptos, a lo mejor se venden muchos libros, pero eso no asegura que se lean. Conseguir que se lea en un medio poco habituado a ello es un esfuerzo enorme. Yo vengo de un lema que dice que es mejor leer cualquier cosa a no leer nada. Si contamos con una sociedad absolutamente distanciada del libro, en cualquier formato, no vamos a conseguir nada.

¿Es importante que haya una feria del libro en la ciudad? ¿por qué no fortalecer la de Quito, por ejemplo?

Debe haber una feria del libro en cada ciudad; aunque sus alcances sean limitados, hay que hacerlas. Pero si insistimos en la memoria y en la identidad no se conseguirán adhesiones masivas, estamos muy anticuados en oferta de ferias. Hablar 30 años de Sicoseo, una revista de un solo número, estamos locos. Hay que definirse, ¿queremos la noticia internacional o que nuestros ciudadanos miren aunque sea la portada de los libros?

¿Y qué hay de la feria organizada por el Municipio?

La feria del Municipio está empecinada en repetir errores. Soy enormemente crítica con esa feria, a pesar de que estuve en las primeras convocatorias y colaboré intensamente en los 3 o 4 primeros años. Pero cuando vi que está conducida por un señor con unas anteojeras inamovibles sobre lo que él quiere hacer y que nunca más escuchó ni un consejo ni una crítica, yo me distancié. De la del Ministerio de Cultura entiendo que no les fue muy bien el año pasado, cometieron serios errores. Me pronuncié públicamente en contra de la feria por el veto a Balseca, y cedí por la muerte de Dina Bellrham. Fui al homenaje, mi única visita, que rompió mi manera de pensar en solidaridad con el grupo al que vi sufrir la pérdida de su compañera.

(*) Publicado en la revista Expresiones del diario Expreso, el 5 de octubre de 2012.