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24.11.16

Mathias Énard imparte la lección inaugural de la 9ª edición del Máster en Creación Literaria


El martes 11 de octubre se impartió la lección inaugural de la 9ª edición del Máster en Creación Literaria, a cargo de Mathias Énard, con el título "Cerrado por obras". Jorge Carrión, codirector del Màster y Claudio López de Lamadrid, editor de Literatura Random House, presentaron el acto.
Como alumno del máster, me pidieron que escriba en un breve texto mis impresiones y reflexiones. Salió esto que llamé "El anti-Houellebecq" y se publicó en el blog de la Universitat Pompeu Fabra.


18.9.16

Coetzee se pronuncia cotsía*


En la película Diamante de sangre, Leonardo DiCaprio interpreta a un traficante que busca como sea hacerse rico y salir de África. Hacia el final, cuando yace herido en la ladera de una montaña, tiene una revelación al ver cómo se mezcla la sangre que sale de su cuerpo con la tierra rojiza que lo acoge. No hay otro lugar donde deba estar.

Se lo insinuó antes su mentor, el coronel Coetzee: “Este es tu hogar, nunca dejarás África”. Es muy probable que no lo sea, pero quizás este coronel fue concebido a partir de la obra de su tocayo, el nobel J. M. Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940). En ambos hay audacia, lucidez, sensibilidad y, sobre todo, una dura determinación.

Coetzee (pronunciado “cotsía”) nació en una familia de afrikáners –descendientes de colonos holandeses– y ha dicho que desde el 1 de enero de 1970, cuando se encerró para comenzar su primera novela, no ha dejado de escribir nunca. Ese es su mito de origen, pero lo cierto es que antes, tras estudiar literatura y matemáticas, ya había publicado poemas en revistas universitarias.

La discreción y la seriedad de Coetzee son harto conocidas, pero una mirada atenta a su obra muestra que su vida y su tiempo ya están ahí desde el primer libro. Tierras de poniente, por ejemplo, ajusta cuentas con la figura paterna como La edad de hierro lo hace con la materna; en Desgracia están los conflictos del fin del apartheid como en Hombre lento están los ocasionados por la migración (Coetzee es ciudadano australiano desde 2006); y en casi todos: el Karoo, el desierto donde creció y que será siempre su hogar.

En la feria del libro de Guayaquil, Coetzee tiene previsto dar una conferencia y leer un trabajo inédito. Oportunidad única para escuchar a quien tal vez sea el escritor vivo más importante.

(*) Publicado en Vida y Estilo, sección cultural de El Universo, el 8 de septiembre de 2016.

10.8.15

Una ciudad de letras en la feria del libro*


El festival ‘Ciudad Mínima’, dedicado al género literario de la minificción, se realizará por cuarta ocasión en Guayaquil. Este año, a diferencia de los anteriores, se ha fusionado con la programación de la Feria Internacional del Libro, por lo que tendrá lugar desde el miércoles hasta el sábado, en el Centro de Convenciones Simón Bolívar.

Su directora, la gestora cultural Adelaida Jaramillo, comentó que estos eventos se complementan puesto que este año “la feria ha enfatizado la promoción de la narrativa y, dentro de esa categoría, ‘Ciudad Mínima’ se dedica a difundir la micronarrativa hispanoamericana”.

Pero no se trata solo de compatibilidad, aclara Jaramillo: “Ser parte de una feria bien organizada, que tiene como objetivo atraer nuevos y jóvenes lectores, beneficia al festival porque podemos mostrar el trabajo de escritores ecuatorianos de minificción que han publicado obras propias y antologías dentro y fuera del país, además de contarle a un público nuevo sobre este género”.

Los invitados insignes de esta edición son la española Patricia Esteban Erlés, cuyo libro Casa de muñecas explora, entre cien textos y diez habitaciones, los peores miedos infantiles; el argentino Raúl Brasca, uno de los promotores e investigadores de la minificción más influyentes de Latinoamérica; y de Ecuador estará Marcelo Báez, prolífico autor y ganador de ocho premios nacionales de literatura, cuyos relatos están incluidos en varias antologías internacionales de micronarrativa.

Ellos darán talleres y participarán de mesas y conversatorios; sus actividades pueden verse en www.libroguayaquil.com.

Adelaida Jaramillo, quien además dirige el espacio cultural Palabra.Lab y participó el año pasado en el Encuentro de Promotores de Lectura de la FIL Guadalajara, también ha venido trabajando en el proyecto #NuevaPalabra (www.nuevapalabra.com), una campaña cuyo objetivo es el de registrar términos inventados o que usamos a diario, pero que no son reconocidos por la Real Academia Española (RAE).

Con todas estas nuevas palabras se hará un libro de tiraje limitado y que será presentado el sábado 15 de agosto, a las 18:00, durante el conversatorio sobre minificción del que participarán Raúl Brasca, Patricia Esteban Erlés, Marcelo Báez y el poeta guayaquileño Ernesto Noboa (Jota Kintana).

Ese día se anunciarán las palabras elegidas por estos autores para escribir un texto de ficción que las incluya.

(*) Publicado en Vida y Estilo, seccion cultural de El Universo, el 10 de agosto de 2015.

7.8.15

Oferta editorial de la feria del libro*


Escuchar a nuestro escritor preferido hablar sobre sus libros o asistir a un debate acerca de la calidad de las series de televisión, por ejemplo, son dos tipos de actividades que una feria del libro ofrece hoy en día.

La esencia, sin embargo, de esta fiesta de la palabra no puede pasarse por alto. Por esto, la Feria Internacional del Libro –del 12 al 15 de agosto en el Centro de Convenciones– pondrá a disposición del público una amplia zona de exposición y venta donde se podrá encontrar una variada oferta que incluirá, por supuesto, la obra de los autores invitados.

La librería Mr. Books, una de las más grandes del país, contará con un stand en el recinto ferial. Como es usual, esta estantería tendrá una selección de los libros predilectos de los lectores, así como las últimas novedades literarias.

Otras librerías que estarán presentes son Genial y Coquito, que se especializan en material de texto para estudiantes y papelería en general.

Dedicada a la elaboración y publicación de contenidos educativos y de literatura infantil y juvenil, la editorial SM tendrá obras de reconocidas autoras ecuatorianas: María Fernanda Heredia y Edna Iturralde.

Zonacuario, una empresa de servicios editoriales presentará su revista ¡Elé!. Esta publicación coleccionable está dirigida a niños y jóvenes.

“Pensamos que a través de la lectura, de la posibilidad de manufacturar e interactuar, del juego y del acceso a contenidos cercanos a nuestra realidad, nuestros lectores y lectoras verán el mundo de una forma crítica, optimista, solidaria, ingeniosa, constructiva y transformadora”, dicen sus editores.

Dos nuevas editoriales nacionales estarán también en la feria. La editorial JG, dirigida por Javier Gálvez, pondrá en exhibición su catálogo de libros de filosofía e historia.

El Fakir, una iniciativa de un equipo de escritores y artistas bajo la batuta de Gabriela Alemán, trae la reedición de 008 contra Sancocho, del colombiano Hernán Hoyos; Virus tropical, la novela gráfica de Powerpaola (seudónimo de la artista quiteña Paola Gaviria); y una edición especial del cuento Vinatería del Pacífico, del escritor cuencano César Dávila Andrade, con ilustraciones de Eduardo Villacís.

Las universidades Laica Vicente Rocafuerte y Católica Santiago de Guayaquil contarán con stands para promocionar su producción editorial. La propia feria no se queda atrás, ya que tendrá un espacio para los libros de Rayuela y Tolstói, dos de las librerías independientes más importantes de Quito.

(*) Publicado en Vida y Estilo, sección cultural de El Universo, el 7 de agosto de 2015.

6.8.15

Escritores, dramaturgos y actores en la feria del libro*


En menos de una semana (el 12 de agosto) la Feria del Libro de Guayaquil abrirá sus puertas para convertirse en el punto de encuentro entre escritores y lectores. La importante delegación de visitantes extranjeros no llega sola, la acompañará una extensa nómina de destacados invitados ecuatorianos que sostendrán diálogos, participarán de conversatorios y presentarán sus propias obras. A continuación, una breve guía para seguirle la pista al equipo local en la feria.

El primer día, una de las actividades que inaugurará el espacio es sobre las adaptaciones al cine de las obras de Shakespeare; intervendrán la escritora Marcela Ribadeneira, el crítico de cine Christian León y la escritora chilena María José Navia. Enseguida, la producción teatral guayaquileña será discutida por sus gestores: Pilar Aranda, del grupo Muégano; Virgilio Valero, de Gestus; y Ramón Barranco, del Teatro Sánchez Aguilar.

Esta última mesa se relaciona con otra del jueves 13 en la que se hablará de la escritura teatral. Estarán los dramaturgos Cristian Cortez, Aníbal Páez y Santiago Roldós.

Ese mismo día, el fenómeno de las series de televisión será analizado por el docente José Miguel Campi, junto con los escritores Eduardo Varas y Miguel Antonio Chávez. Para volver a lo literario, la pregunta sobre el papel del cuerpo en la escritura será examinada por el crítico de arte Cristóbal Zapata y los escritores Luis Carlos Mussó y Mónica Ojeda.

El viernes 14 continúa la discusión sobre el cine: en una mesa sobre el género de las road movies intervendrán Marcelo Báez con Galo Torres y Christian León, todos ellos escritores y críticos de cine. En otro panel, los autores Leonardo Valencia y María Fernanda Ampuero (ambos residentes en España) conversarán con Javier Vásconez sobre la recepción de la literatura ecuatoriana en el exterior.

El sábado 15, la crítica Alicia Ortega debatirá sobre la producción literaria actual, junto con los jóvenes autores Mónica Ojeda y Juan Pablo Castro.

Entre las presentaciones de libros resalta la flamante editorial El Fakir, dirigida por la escritora Gabriela Alemán, que traerá la primera edición nacional de Virus tropical, una novela gráfica de la quiteña Powerpaola (Paola Gaviria); y Vinatería del Pacífico, un relato del célebre escritor cuencano César Dávila Andrade con ilustraciones de Eduardo Villacís.

Otros escritores que también presentarán sus obras son Leonardo Valencia, que trae la reedición de El libro flotante de Caytran Dölphin; y Óscar Vela, con Todo ese ayer, su más reciente novela.

(*) Publicado en Vida y Estilo, sección cultural de El Universo, el 6 de agosto de 2015.

28.7.15

Guayaquil recupera su feria del libro*


Del 12 al 15 de agosto los guayaquileños tendrán un nuevo espacio para encontrarse con los libros y sus autores. El Municipio, consciente de que la lectura favorece la capacidad crítica de los ciudadanos y beneficia la vida en comunidad, ha unido esfuerzos con Expoplaza, una empresa de larga trayectoria en organización de eventos, para hacer la Feria Internacional del Libro 2015 en el Centro de Convenciones.

Durante los cuatro días de feria, los asistentes tendrán a su disposición un extenso programa que incluye no solo la literatura, sino también el cine, el teatro, las series de televisión y las nuevas tecnologías. Participarán varios de los más destacados escritores latinoamericanos: los colombianos Jorge Franco, autor de la famosa novela Rosario Tijeras, y la poeta y novelista Piedad Bonnett; el peruano Alonso Cueto, ganador del Premio Herralde; los argentinos Rodrigo Fresán, autor de La parte inventada, Claudia Piñeiro, cuyas novelas ahora son éxitos del cine, y la periodista Leila Guerriero; completa la nómina la joven escritora chilena María José Navia, quien entre sus actividades dará un taller de creación de cuentos para niños.

La literatura ecuatoriana estará bien representada por autores consolidados como Gabriela Alemán, Leonardo Valencia y Óscar Vela, además de otros talentos como María Fernanda Ampuero, Íñigo Salvador y Mónica Ojeda. La lista la completan una treintena de escritores, dramaturgos, guionistas, productores teatrales, investigadores y periodistas.

La feria estará dividida en varias zonas. Además del área de exposición, donde estarán las principales librerías y editoriales, se ha implementado varias salas para conversatorios, mesas de diálogo y presentaciones de libros. Uno de los puntos fuertes de esta feria es la zona infantil y juvenil, que contará con un pabellón independiente con salas de juego y de lectura, talleres y presentaciones en vivo de escritores como Mónica Varea, Juana Neira, Edna Iturralde y Cecilia Velasco. En esta ocasión se integra el Festival Ciudad Mínima a la feria.

Los estudiantes guayaquileños tienen la oportunidad de participar en dos concursos: uno de dibujo sobre la novela de Franz Kafka, La metamorfosis, y otro de cómic sobre Don Quijote. Y se busca incentivar la producción literaria con el primer concurso de novela Miguel Donoso Pareja, en honor del recientemente fallecido escritor guayaquileño; el premio es de diez mil dólares.

Una feria del libro no solo debería servir para que los lectores conozcan a los autores. Mejor: debería ser el lugar donde confluya la cultura libre, que tiene en Guayaquil el lugar ideal para su desarrollo, pues nace del mundo comercial y prospera con el incentivo del diálogo y la lectura. Así, la ciudad se convierte en un destino para leer y crecer.

(*) Publicado en Vida y Estilo, sección cultural de El Universo, el 28 de julio de 2015.

19.7.15

Escritoras en la feria del libro*

Piedad Bonnett y Mónica Ojeda
Narrar el fin

Ya sea porque escribir es su forma de estar en el mundo, porque es su trabajo y deben volver a él, o porque necesitan exorcizar la pena, son muchos los escritores que han recurrido al desolador género de las memorias del duelo. Autores como Rosa Montero, Joan Didion, Héctor Abad Faciolince, Peter Handke, Paul Auster o Julian Herbert han usado la literatura para entender lo que significa perder a alguien cercano y a la vez sostenerse de su recuerdo.

Para Piedad Bonnett, quien reflexiona sobre la vida y la muerte de su hijo Daniel en Lo que no tiene nombre, la literatura existe en tanto da vida. “Vuelvo tercamente a lidiar con las palabras para tratar de bucear en el fondo de su muerte, de sacudir el agua empozada, buscando no la verdad, que no existe, sino que los rostros que tuvo en vida aparezcan en los reflejos vacilantes de la oscura superficie”, escribe la escritora colombiana al comienzo de su libro.

Esta prolífica autora, quien ha publicado varias novelas y volúmenes de poesía, estará conversando durante la próxima feria del libro sobre los mecanismos para narrar la muerte haciendo literatura, sin convertirla en retórica ni caer en el sentimentalismo.

Reescribir los mitos nacionales

Al igual que buena parte de la obra de la consolidada escritora quiteña Gabriela Alemán, la primera novela de la guayaquileña Mónica Ojeda reconstruye ciertos mitos que dieron forma al Ecuador actual. En La desfiguración Silva, que ganó el Premio ALBA de Narrativa 2014, Ojeda hace que sus personajes inventen a un miembro más de los tzántzicos, aquel movimiento político y literario que, como su nombre prefiguraba, redujo la muy bien acomodada cabeza de la cultura en los años sesenta.

Pero esta no es una novela histórica, sino –también como en algunos libros de Alemán– el encuentro de la identidad como ficción y otras estrategias para narrarla, como el cine. Ojeda, quien da clases de literatura en la Universidad Católica de Guayaquil y termina un doctorado sobre el concepto de pornoerótica en varias escritoras latinoamericanas, participará en sendas mesas sobre la producción literaria actual en el país y los modos en que se conjugan el cuerpo y la escritura.

(*) Publicado en La Revista, suplemento dominical de El Universo, el 19 de julio de 2015.

17.8.14

Antipop: La música sombría y sensible de Lana Del Rey, Lorde y Lykke Li*

¿Qué tienen en común Ella, una adolescente neozelandesa; Li, una veinteañera sueca; y Lizzy, otra veinteañera estadounidense? Las tres son cantantes y son populares, sí, pero ¿por qué lo son y qué significa que lo sean? Es decir, ¿es posible encontrar en la música pop un reflejo de las oscilaciones políticas y sociales de su entorno? ¿Hasta qué punto la música pop define a una sociedad y en qué momento es la sociedad misma la que produce sus propias estrellas?

Lorde, Lykke Li y Lana Del Rey, respectivamente, son los nombres artísticos de esta singular tríada de mujeres. Autoras y personajes a la vez de su propia vida, cada una de ellas representa, a su manera, muchos de los deseos y las frustraciones de la generación de los llamados millennials. Hay en ellas, sin embargo, cualidades que sobrepasan la superficialidad generalizada del pop y las convierte en agentes extraños de un sistema desgastado.

Linaje común
Esa máquina de hacer dinero, frívola y carente de ternura, como muchos piensan que es la música pop, tiene una historia más complicada de lo que podría creerse. El pop es, sobre todo, un género que apela a las ideas y a las emociones de una generación, y no, simplemente, a las de una masa de consumidores.

Madonna y Michael Jackson, quienes alguna vez ocuparon el muy merecido trono de la música pop y la devoción de personas en todo el mundo, son ahora dignos desaparecidos en combate, hologramas respetados e imitados. Sus herederos inmediatos (Britney Spears, Christina Aguilera, Justin Timberlake), surgieron como príncipes manufacturados por Disney y supieron sobrevivir de buena forma en esa sima que fue el cambio de milenio.

¿Qué hizo de Madonna una estrella pop? A decir del filósofo y ensayista Luis Diego Fernández, Madonna encarnaba un dandismo contemporáneo y reunía todos los elementos de su lógica: “El estilo (mutante), la distinción (en una época sin distinción alguna) y la burla de la norma, aun respetándola”. Hay en ella una belleza radical, de la carne. Aún más, Fernández no duda en describir su belleza como una voluntad de poder y a ella como una mujer fálica.

Britney Spears, la popstar por excelencia, nunca pudo superar el doble rol que la llevó a la gloria: la femme fatale y la girl next door. Su mandato conservador y complaciente acabó con la salida de Bush Jr. de la presidencia de Estados Unidos. Con Obama despuntaron, en cambio, otras figuras como Katy Perry, Lady Gaga y Miley Cyrus. Eclécticas, desbordantes y ambiciosas, estas nuevas estrellas representaban la apertura liberal del primer presidente afroamericano.

Lady Gaga, quien todavía es la imagen más sobresaliente del pop reciente, es una marca en sí misma. Es la popstar tecnológica y corporal al mismo tiempo. Pero también lo es de lo anormal, el símbolo de sus fans/monstruos que ven en ella la encarnación de la revuelta interna contra el poder que normaliza. Lo de Miley Cyrus, finalmente, no es más que la típica sobreexposición de la que no tiene nada que ofrecer y aún debe luchar contra sus propios demonios. Un remix palurdo que, no obstante, decae junto a las esperanzas puestas en Obama y pone en perspectiva, una vez más, el ocaso de un sistema.

Por el margen y a contracorriente
We live in cities you never see onscreen
‘Team’, Lorde

The power of youth is on my mind
Sunsets, small town, I’m out of time
‘Old Money’, Lana Del Rey

El prefijo “anti” no significa, en este caso, una posición opuesta, sino que funciona con el mismo sentido que en el término “antipapa”. Esta, la del antipapa, es una figura que pretende ejercer el mismo papel que el papa al que precede o al que intenta sustituir, pero sin cumplir con las normas que le son exigidas para su elección y sin poseer legitimidad alguna como representante de Dios (la venia, en tiempos antiguos, de un rey o emperador).

La función de este prefijo para motivos exclusivos de este artículo deriva de la explicación anterior. Se refiere a la condición de estrellas que sostienen cada una de estas tres cantantes a pesar de no responder a códigos como la belleza (que sigue una misma tipología), la capacidad performática (con énfasis en la habilidad para bailar) y la benignidad de su imagen (aun cuando se presente como negativa y bajo la supuesta influencia de agentes externos).

Este discurso en tríada emerge desde la periferia física del capitalismo corporativo, pero la paradoja del sistema, vista y aprovechada por dos de las tres cantantes, es que la periferia también es el centro. Entre ellas hay diferentes costumbres —y para Lykke Li, diferente idioma—, pero una misma cultura y similares entornos de formación: internet como ecosistema.

No es casual que talentos como el de Lorde y el de Lykke Li aparezcan en países tan lejanos como Suecia y Nueva Zelanda. El pop, a diferencia de otras manifestaciones culturales, es inherente a las sociedades libres. Lorde, de haber nacido en un país sudamericano como Ecuador, seguramente sería una artista con conciencia social de ritmos folk y curiosidades étnicas. Solo cuando una sociedad lo tiene todo puede acceder al lujo de formar una generación dispuesta a abandonar y reconquistar la libertad a su modo.

El antipop, entonces, es un pop que avanza a contracorriente, es político en dosis mínimas y se siente muy a gusto estando en el margen. En ese sentido, los álbumes debut de Lorde y de Lana Del Rey (Pure Heroine y Born to Die) pueden escucharse como manifiestos de una juventud ansiosa y llena de deseos.
Este sentido de ética de la periferia queda muy claro cuando se piensa en Bradley Soileau, el modelo que aparece a menudo en los videos de Lana Del Rey y lleva el cuerpo tatuado casi en su totalidad. Lana dijo de él: “Respeto que sea lo suficientemente libre de usar su cuerpo como lienzo. Tiene una frase sobre la guerra escrita en su frente. Me gusta que él supiera que eso lo alienaría de la sociedad y que no podría tener trabajos normales. Hizo una decisión consciente y manifestó físicamente que iba a estar al margen. Me gusta lo que aquello simboliza”.

Decadencia del sueño americano
“Money is a kind of poetry”(1), escribió alguna vez el poeta Wallace Stevens, y parece que Lana Del Rey lo entendió mejor que nadie. Ella vende nostalgia, hedonismo e idealización de la muerte. Es, como ella mismo se define, la ‘Lolita del gueto’, una ‘Nancy Sinatra gansteril’. Refleja como nadie más el pathos de esta época; no el espíritu, sino la materialización de su tristeza.

Es también la manifestación física del sueño americano y su imposibilidad, en las que la vida es una representación virtual que puede modificarse como en los libros de aventuras infantiles: “Todo lo bueno es real y no lo es, incluyéndome… Lo que sea que escojas como tu realidad es tu realidad”, dijo Lana en una entrevista.

Con los años, los temas que definen a Lana Del Rey pueden resumirse en inseguridad, sumisión, devoción de los íconos americanos y autodestrucción.

Hipsters
I’m talking about my generation
Talking about the newer nation
‘Brooklyn Baby’, Lana Del Rey

Lo hipster, en pocas palabras, es esa clase media altamente educada e informatizada que funciona como máquina recicladora de estéticas y fetiches de subculturas pasadas. Un ejemplo es el actor, director y escritor James Franco y sus innumerables proyectos artísticos. Entre la ironía y la sinceridad, Franco brinda la apariencia de que puede hacer lo que quiera sin importarle lo que piensen otros.

Ultraviolence, el segundo disco de Lana Del Rey (amiga de Franco, dicho sea de paso) es hipster en un sentido no peyorativo, ligeramente inclinado hacia el blues y el rock. Noir en el sentido del cine noir, como si Lana fuera el arquetipo de mujer herida, pero fuerte y autosuficiente, y se pusiera a cantar en lugar de narrar o ser narrada. Una mezcla entre Chandler y Carver. Producido por Dan Auerbach (vocalista y guitarrista de los Black Keys), Ultraviolence tiene la esencia de los músicos de Nashville (enclave de la música rock y country) que ayudaron en la grabación. Se nota un ligero retroceso del pop y los samples puestos para mover el cuerpo, y aparecen más guitarras eléctricas y la sensación de estar al límite de una balada rock. Como bien apuntó Duncan Cooper en la revista Fader, Lana parece haber hallado su lugar ideal entre el psych-rock y el narco swing.

Golpes íntimos
Hay una canción poco conocida del grupo sesentero The Crystals titulada ‘He Hit Me (And It Felt Like a Kiss)’(2). Hay otra, de los más contemporáneos Florence and the Machine, que dice “a kiss with a fist is better than none”(3). Por último, Lana Del Rey canta, versionando a The Crystals: “He hit me and it felt like true love”(4).

El tema aquí no es la perpetuación de la violencia contra la mujer ni la pasividad de estas. Más bien tiene que ver con lo que el director y guionista Max Landis confirmó cuando juntó a varios de sus amigos y les pidió que se golpeen uno al otro en la cara mientras él filmaba. El video puede verse en YouTube, junto a otro en el que Landis reflexiona sobre su proyecto diciendo que si la violencia es una forma de interacción social, un golpe recibido con permiso puede ser más íntimo que un beso.

Jóvenes millennials: solitarios, sinceros y aburridos
Maybe the Internet raised us
Or maybe people are jerks
‘A World Alone’, Lorde
Chuck Palahniuk escribió Fight Club —su mejor novela y una de las mejores de su época— con las ruinas de la Generación X: hombres y mujeres nacidos en la segunda mitad del siglo XX y criados con la televisión y la promesa de la fama. Para los nacidos en tiempos de la Generación Y, los millennials, un equivalente de Fight Club podría ser Her, la película dirigida por Spike Jonze. Allí está su tierra fértil: Internet y la promesa de que no iban a estar solos. Pero Her se desvanece en el aire de su propia estética hipster y su discurso limpio de ironía.
Descrita como una menos depresiva Lana Del Rey, Lorde personifica muy bien esta nueva mentalidad. Durante la ceremonia de ingreso de Nirvana al Rock and Roll Hall of Fame, en la que Lorde cantó ‘All Apologies’, Dave Grohl dijo que cuando vemos a nuestros héroes no deberíamos sentirnos intimidados, sino todo lo contrario: deberíamos saber que podemos lograr lo mismo que ellos. Esto es lo que la cantante neozelandesa representa para sus fans.

Al igual que Holden Caulfield, el personaje de J.D. Salinger que se ha convertido en un ícono de la juventud, Lorde interpela directamente a sus coetáneos al cantar sobre sí misma. Lo interesante es que ambos esquivan el sexo y las relaciones formales de pareja, y reniegan de las convenciones sociales.

Pure Heroine es un álbum conceptual y circular. Empieza con una pregunta casi retórica: “Don’t you think that is boring how people talk?” Y termina con una respuesta simple, genial, que resume el tema: “Let them talk”.

En la descripción del video de ‘Royals’, Lorde escribió: “Mucha gente piensa que los adolescentes viven en un mundo como el de Skins (…) pero la verdad es que la mitad del tiempo no estamos haciendo nada más divertido que jugar con encendedores, o esperar en alguna parada de mierda. Por eso es que esto tenía que ser real”.

La británica Marina Diamandis también canta sobre la dificultad de crecer. Pero lo que en Lorde es poético, o simplemente abstracto, en Marina es explícito, irónico y de una amargura casi vulgar.

Memorias tempranas
We count our dollars on the train to the party
And everyone who knows us know
That we’re fine with this
‘Royals’, Lorde

La escritora Mary Karr publicó hace poco en Twitter que los autores de memorias no deberían inflar sus historias, sino encontrar una manera de que su pequeña verdad se inflame dentro del lector. En un tuit distinto, citó a Don DeLillo, otro autor americano: “Los novelistas tienen ideas y elaboran acciones, los escritores de memorias tienen acciones y producen significados”.

Lorde, hija de la poeta Sonja Yelich, ha confesado que escribe desde muy pequeña: “Siempre he leído y he escrito cuentos (…) Creo que eso se quedó conmigo cuando escribía las canciones”. Más que poemas independientes, las canciones de Lorde parecen fragmentos de un solo texto, una autobiografía particular cuyos temas, extraídos de la fatiga y la confusión de ser adolescente, llegan directamente al corazón de jóvenes en todo el mundo occidental.

La trama amorosa
Be the ocean, where I unravel
Be my only, be the water where I’m wading
‘I Follow Rivers’, Lykke Li

Mientras que Lana Del Rey y Lykke Li le cantan al amor y sus variantes, Lorde lo evade: “La gente tiene la impresión de que creo que escribir sobre amor es vergonzoso. ¡No lo es! Solo no he encontrado una forma de hacerlo que sea poderosa e innovadora, por eso no lo hago”.

Angustia escandinava
Where the blue moon shines
Where the tears melt ice
I’ll die here as your phantom lover
‘I Never Learn’, Lykke Li

En su libro Mi lucha, el noruego Karl Ove Knausgaard describe su mudanza a Suecia y el shock que le produjo vivir en una sociedad planificada desde lo más mínimo: “Tanto dinero y cultura; todos tienen que ser exitosos aquí, todos se comportan ordenadamente. Todo en Suecia es normalidad, cualquier cosa diferente es anormal”. Y añade, en otro pasaje, que entre los valores que el Estado de bienestar ha trastocado están la masculinidad, la violencia y el dolor.

El Estado sueco, que se ha asegurado de repartir igualdad y felicidad, ha provocado, paradójicamente, un disgusto por la vida. Lykke Li, quien por lo demás es bastante convencional musicalmente, lleva publicados tres álbumes que ondulan entre el enamoramiento y su imposibilidad y los restos dejados por un corazón roto. Esto, que podría parecer sentimental y victimista en exceso, para una sociedad como la sueca significa tomar partido por lo inaudito: el desconsuelo, la soledad y la afirmación de una masculinidad en falta.

I Never Learn, su disco más reciente, ha sido descrito como portador de una “Scandi angst”, o “angustia escandinava”, un pop melancólico de toques góticos. Su voz, como indica Paul Lester del diario británico The Guardian, se mantiene en el mismo rango vocal siempre, pero lo mismo hacen otros cantantes de la tristeza como Cohen y Morrisey. El registro de Lykke Li, sin embargo, es indudablemente pop. La trilogía discográfica de Li es, según ella misma, una crónica de “una veinteañera en busca del amor y de ella misma”, con el dolor, la culpa y la confusión de ser mujer en las postrimerías de la Europa proteccionista.

Mujeres bellas y fuertes
What I do, I do best
I’m a dragon, you’re a whore
‘Fucked My Way Up to the Top’, Lana Del Rey

Lady Gaga, a pesar de su pop queer, no se considera feminista. “Yo admiro a los hombres, los amo. Celebro la cultura masculina americana, y la cerveza, los bares y los muscle cars”, dijo en una entrevista. Lana Del Rey, por otro lado, se sumó a esta posición diciendo: “Para mí, el asunto del feminismo no es interesante. Estoy más interesada en, digamos, SpaceX y Tesla, en lo que va a pasar con nuestras posibilidades intergalácticas (…) Mi idea del feminismo verdadero es una mujer que es lo suficientemente libre para hacer lo que quiera”.

En un ensayo llamado ‘El significado de Lana Del Rey’, la académica francesa Catherine Vigier lo explica así: “Ella representa y se dirige a una contradicción a la que se enfrentan miles de mujeres hoy en día; mujeres que han seguido la receta de la sociedad para el éxito en lo que se ha llamado un mundo posfeminista, pero que han encontrado que la liberación real y la satisfacción genuina las elude”. Vigier argumenta (siguiendo sin quererlo los postulados principales del filósofo alemán Philipp Mainländer) que para las personas bajo el capitalismo no puede haber nunca felicidad, y que la música de Lana Del Rey deja esto en evidencia.

Parafraseando a Knausgaard y su propia experiencia contada en Mi lucha, lo mejor que puede desearse para estas tres mujeres bellas, fuertes y a quienes aún les falta madurar del todo es que, si los veinte fueron un infierno y la adolescencia fue peor, los treinta simplemente estén bien.

Notas:
1. “El dinero es una especie de poesía”.
2. “Me golpeó y se sintió como un beso”.
3. “Un beso con un puño es mejor que ninguno”.
4. “Me golpeó y se sintió como el amor verdadero”.

(*) Publicado en Cartón Piedra, suplemento cultural de diario El Telégrafo, el 17 de agosto de 2014.

18.4.14

Escena de una vida de provincias*


Hace un tiempo escribí en Twitter que el mejor libro de la literatura ecuatoriana todavía está inédito. Esto no es, como podría pensarse, un comentario irónico o despectivo hacia la producción literaria local.

El libro al que hacía referencia en ese tuit existe y no lo he olvidado desde la primera vez que lo leí en mi adolescencia temprana. Es el único ejemplar que he visto; se trata de una pequeña carpeta con hojas impresas a computadora y que, al día de hoy, se encuentran amarillentas y pegoteadas. Su autor era un amigo de mi padre al que no hemos visto hace casi veinte años. Y, aunque tengo la sensación de haberlo conocido, la verdad es que no lo recuerdo. Si excluimos la vaga imagen que guardo en mi memoria de mi padre leyéndola, y si suponemos por un momento que su autor es de aquellos que, como César Aira, no leen lo que escriben, bien podría ser yo el único lector de esta obra infortunada. Pero dado que esto se trata, en definitiva, de comentar una lectura disponible para un hipotético lector a la espera de una recomendación, entonces el libro que ahora mismo me resulta imprescindible y fundamental es, sin duda alguna, uno de Albert Camus.

Me gustaría creer que cualquier persona medianamente escolarizada conoce La peste. Así como cualquier fan atento de The Cure conoce o sabe de qué va El extranjero, un libro que me costó un noviazgo por motivos que no hace falta detallar aquí. La primera de estas novelas es una obra maestra y un clásico del siglo XX; en ella Camus desarrolla su idea de la santidad laica y de la amistad como el último bastión de la resistencia política. De la segunda, por otro lado, podría arriesgarme a decir que se trata de la culminación de una investigación literaria sobre el sentido de la vida en contraposición a la nada. Proyecto que —arriesgo una vez más— inicia con otro libro, uno que recién fue publicado a diez años de la muerte del autor francés y que, curiosamente, comparte espíritu y ciertas ideas con el inédito del que hablé antes. Me refiero a La muerte feliz, una novela corta que también leí en mis primeros años de adolescencia, esta vez en el octavo tomo de una colección de literatura universal editada por La Oveja Negra. Estilísticamente no difiere demasiado de El extranjero, pero sí en cuanto al tema. Patrice Mersault (parecido al Meursault de El extranjero) es el protagonista, quien luego de asistir un suicidio abandona su trabajo inane y se dedica a la búsqueda de la felicidad con el dinero del recién fallecido. Como es de suponer, no la encuentra sino en soledad y al borde de la muerte, de su muerte feliz. Después Camus sustituyó —en una operación coyuntural— esta posibilidad de un sentido vital por la nada y el absurdo.

Crecí en un lugar apartado de cualquier centro significativo, en medio de un paisaje marcado por la belleza de la naturaleza y la velada crueldad de una sociedad dividida, así que pueden imaginarse de qué forma la lectura estupefacta y arrebatada de esta novela contribuyó a formarme ética y espiritualmente en una edad por lo demás frágil y conflictiva.


3.2.14

Una conversación en movimiento*

Qué pasa cuando un gringo y dos ecuatorianos quieren recorrer el Austro sin convertirse en turistas


“Esta noche voy a soñar con usted” le dijo Víctor, un campesino oriundo de Sígsig, al gringo que acababa de conocer. Antes le invitó un trago de puro con Sprite, le mostró su huerto, sus animales y, como si se tratase de un viejo amigo, le enseñó unos pasos de baile al ritmo de música local. Este encuentro ocurrió en algún punto indeterminado de la carretera entre Sígsig y Gualaquiza, dos pueblos en la bajada hacia el Oriente ecuatoriano, y está registrado en un video en el muro de Facebook de Bruce Moncrief, el gringo. Me asombro no por la cordialidad, sino por la inocencia. Bruce, de vacaciones en Ecuador, seguramente esperaba algo de hospitalidad, pero estoy seguro de que recibió más que eso y que no olvidará fácilmente a Víctor.

Podría decirse que lo que hacía Bruce en Ecuador era viajar por placer. Es decir, turismo. Podría inferirse que el encuentro Bruce-Víctor fue la culminación exitosa de un proceso iniciado con la compra de un paquete turístico. De vuelta en casa, a Bruce solo le restaría contarles a sus amigos su expedición y volver al trabajo con un bronceado atractivo. Los motivos reales de su viaje, sin embargo, están decididamente apartados de las influencias habituales de lo turístico.

Bruce llegó desde California a través de una iniciativa de la Long Beach Lifeguard Association llamada Project Ecuador, dedicada a mejorar los grupos de salvavidas ecuatorianos. Desde 2006, grupos de voluntarios han llegado para entrenar, equipar y asistir a los antiguos o recién formados salvavidas ecuatorianos durante el feriado de Carnaval, una de las festividades más populares del país y que coincide con la temporada de playa. Casi todas las playas del país han sido visitadas por este proyecto. Bruce fue de los primeros en llegar y de los pocos en repetir el viaje. Ahora tiene su propia cabaña en Montañita, donde planea abrir una escuela de surf. Pero antes de asentarse en la playa por unos meses, Bruce decidió recorrer –a su manera– el sur de la Sierra.


Martes: A veces, tener dinero causa problemas

La billetera de Bruce está repleta de billetes de cien dólares en un país donde ni siquiera hay cambio para uno de veinte. Luego de recogerlo en el Terminal Terrestre de Guayaquil –llegaba de Montañita– avanzamos hacia Durán, donde paramos en una gasolinera a buscar cambio con la excusa de llenar el tanque. A las nueve y media de la mañana revisamos con optimismo un mapa de la provincia de  Guayas y cada uno asumió su rol por el resto del viaje: Bruce, el no-turista; Miguel Ángel, mi padre, guía y conductor temerario; y este servidor, encargado de tomar fotos, revisar los mapas y recibir la culpa cada vez que nos perdimos. Mi padre y yo también hicimos de intérpretes de Bruce, él en las situaciones serias y yo en todas las demás.

Salimos de Durán con botellas de agua, una funda de Tortolines y otra  llena de monedas de un dólar que nos cambió el sobrino del gerente de la gasolinera. “Deberíamos irnos a Las Vegas ahora mismo”, bromeó Bruce. Cerca de las once llegamos a la entrada de Naranjal –un cantón del Guayas que limita con la provincia del Azuay, nuestro destino– donde nos encontramos con un empleado de la Reserva Manglares de Churute que desayunaba en un comedor al pie de la autopista. Nos presentamos con él y le contamos de nuestro viaje. Pedimos ensalada de cangrejo y luego fuimos hasta la reserva pero no la recorrimos porque preferimos seguir hasta la comunidad shuar que habíamos visto en el mapa al sur de Naranjal.

Nos perdimos varias veces pero al poco rato volvíamos al camino correcto. Mi padre se quejaba de la mala señalización vial y yo me preguntaba: ¿Qué clase de turismo se puede hacer si no hay letreros o son muy deficientes?

Llegamos a la comunidad shuar alrededor de las doce. Una parte del camino estaba obstruido por una huelga y tuvimos que cruzar un riachuelo porque no estaban terminados los puentes. (Si están leyendo esto, señores de Rinomaq S.A., por favor paguen a sus trabajadores)

No hizo falta bajarse del auto para saber que se trataba de una "tourist trap", como la llamó Bruce. No había una comunidad shuar, solo vimos un conjunto de aguas termales. De todas formas, caminamos alrededor de las piscinas y tomamos un par de fotos.  

A Bruce pareció no importarle ninguno de los contratiempos que tuvimos. Para él solo era un paseo. Todo lo que veía era nuevo y todo lo que hacía era una experiencia más en su vida. Salimos de la comunidad shuar, entramos a una plantación de banano, le enseñamos a Bruce el proceso de empaque y regresamos a la vía a Cuenca.

Antes de entrar al Parque Nacional El Cajas hay una gasolinera que tiene el baño con la mejor vista de la región. Se puede orinar mientras se admira el paisaje de la cordillera y el cambio de bosque tropical a páramo. Ahí compramos oritos y guabas. Poco después de las tres y media de la tarde, llegamos al punto más alto del recorrido, según la cámara de Bruce, algo más de 12,000 pies –unos 3,600 metros sobre el nivel del mar. Entramos a Cuenca pasadas las cuatro de la tarde. El gringo posteó en Facebook: “From bananas to 12,000 feet today”.

Miércoles: Cuenca, tierra de canadienses

Situaciones en las que estuvimos involucrados voluntariamente:

- Desayuno en el hotel. Conversación con pareja de motociclistas canadienses.

- Recorrido en el bus turístico con otra pareja de canadienses. (Hay que ir en el segundo piso, pero con cuidado de no ser golpeado por las ramas y los cables, algo que sucede a menudo.)

- Museo del Banco Central. Bruce se muestra interesado y apático a la vez. Toda esta historia ya la ha visto en otros museos. Toda esta historia ya ha pasado. Bruce quiere ver gente viva.

- Almuerzo en el mercado. Hornado. Jugo natural. Vendedoras cariñosas. Chilenos tocando y cantando cueca.

- "Ecuatorianización" de Bruce. Quería una camiseta de fútbol y le dije que debería usar la de Emelec. También compró un sombrero indígena.

- En una plaza de artesanos, Bruce buscó algo para su familia. Algunas personas se probaron ropa y accesorios para que él tenga una idea clara de cómo lucirían.

- Una vez que logramos salir de la ciudad, visitamos Chordeleg, Gualaceo y Sígsig. El paisaje es similar al del norte de California, dijo Bruce. Encontramos a Víctor, el campesino de Sigsig, en la carretera y bajamos a pie hasta su casa en la ladera de una montaña.

- Durante el regreso, Bruce estuvo pegado al asiento. Mientras bajábamos al valle de Cuenca, mi padre nos contó que una vez fue corredor de autos.

- Interior, noche. En una pizzería conocimos a tres universitarias canadienses que trabajan para una ONG en Quito. Bromeamos sobre los mapas de Ecuador.

Aparte del alto número de abogados, lo que más destacó Bruce de Cuenca es la cantidad de carteles políticos y de grandes casas deshabitadas o inconclusas. “El tipo que hace los banners para Alianza País está ganando mucho dinero”, dijo Bruce un poco preocupado. Sobre las casas comentó: “es irónico ver las vallas del gobierno que anuncian viviendas dignas cuando es claro que allí no hacen falta. Esta gente, que por lo general recibe dinero de familiares en el exterior, no necesita que les digan cómo vivir ni cómo trabajar”.

Jueves: Menos turismo, más Azogues


Llegamos a Azogues, la capital de la provincia de Cañar, a las nueve y media de la mañana. Conocimos a Tania en una oficina municipal de Turismo y fue nuestra guía por la ciudad. Subimos al Santuario Franciscano, construido en 1910, desde donde se ve todo Azogues. Luego recorrimos el museo de la Casa de la Cultura y almorzamos cascaritas, el plato típico de la ciudad, que es la piel del cerdo cocida con soplete. Tania nos llevó a Cojitambo, una montaña con ruinas incas y cañaris donde se puede ver una parte del Camino del Inca, la red vial que recorría el imperio incaico desde Colombia hasta Chile. El acceso era de tierra y muy empinado, con curvas muy cerradas. Mi padre disfrutó subirlo.

Al regreso de Cojitambo visitamos talleres de herrería y de esculturas en piedra. Bruce compró una hoz con mango de cuerno de toro, un martillo y un azadón. Ya en Azogues, Tania nos llevó a una tienda de ropa indígena tradicional. Nos atendieron dos señoras muy agradables, bromistas y tímidas a la vez. Para Bruce fue grato darse cuenta de que aprecian sus costumbres y valoran su trabajo. Se llevó un atuendo completo, incluido el poncho que se utiliza para el Pase del Niño, una festividad religiosa de esta zona del país que se realiza durante el Carnaval.

Volvimos a la Casa de la Cultura porque Tania nos había dicho que por la tarde se reúne allí un grupo de curanderas de Biblián, un pequeño cantón al oeste de Azogues. “Mejor que un baño de lodo”, dijo Bruce luego de la limpieza que le hizo una de las señoras. Nos dijeron que no debíamos pagarles porque lo hacían como un regalo, pero también insistieron en que no había que decir gracias. No nos dijeron por qué.


Viernes: Espiritualidad en las alturas

En el último día de viaje Bruce debía encontrarse con una amiga en el Terminal Terrestre de Guayaquil a las tres de la tarde para volver a Montañita. Para que llegue a tiempo, el plan era visitar Biblián y las ruinas incas de Ingapirca y luego tomar la vía de regreso a Guayaquil que pasa por el cantón azucarero de La Troncal.

Desayunamos, salimos, nos perdimos y finalmente llegamos a una iglesia de Biblián cuyo altar está fundido con la montaña en la que está construida. Nada más subir hasta la entrada es un acto de fe. Hay una vía asfaltada por la que suben los carros y otra, la original, hecha con piedras extraídas de la zona, al igual que la iglesia. Bruce subió todo lo que pudo, incluso por una escalera oxidada que llevaba a la cúpula, el punto más alto del lugar.

Enseguida partimos hacia las ruinas de Ingapirca. No nos decepcionó, pero tampoco fue una sorpresa: habían muchos turistas y muchas ruinas iguales a las que vimos en Cojitambo. Un lugar aseado y rutinario. La iglesia de Biblián, casi a la misma altura, tiene un mayor capital emocional; supongo que los católicos españoles que ordenaron su construcción sabían muy bien lo que hacían.

A las 12:00 nos acomodamos para cruzar y bajar la cordillera en menos de tres horas. Bruce todavía no podía creer que es posible pasar del páramo a la selva tropical en tan poco tiempo. Un poco antes de salir de la cordillera fijamos la mirada hacia el oeste. La visión de la carretera que entra a la Costa, una recta larguísima con un río que corre al lado derecho, es imperdible. Ya cerca de Guayaquil, mi padre nos confesó que su estilo de manejo “es una mezcla de la velocidad y precisión americanas y la valentía latinoamericana”.

Epílogo


Dice Toni Puig que hay tres clases de ciudades: las que nada hacen, las que imitan y las que crean su propio futuro. En el Austro del Ecuador, la gente se ha dado cuenta de que tiene que innovar y rediseñar para funcionar y no morir. De vuelta en la Costa, el paisaje urbano cambió drásticamente. Bruce cree que es un retroceso con respecto a la Sierra. En la Costa algunas ciudades como Guayaquil copian lo que otras hacen y a duras penas sobreviven –y a su vez son copiadas por otras como Machala–, algunas ya están muertas y son ciudades cementerio, como Progreso, Zapotal y otros pueblos vía a la Costa.

¿Los costeños hacemos turismo en Ecuador? ¿Sabemos cómo se vive al otro lado de la cordillera? En Azuay y en Cañar las ciudades son limpias y relativamente ordenadas. En Azogues tienen un sistema de parqueo muy particular: las calles están divididas en sectores y hay que comprar una tarjeta que permite estacionarse de acuerdo al tiempo necesario. Cuenca es muy visitada por extranjeros pero lo más interesante está en sus alrededores.

Lo que aprendimos en este viaje es que el turismo, más que una droga popular, es una larga conversación en movimiento: el turista es un aprendiz de habitante local y el guía es su anfitrión. Quienes dan por sentado la pertenencia a un territorio solo por haber nacido en él están viviendo una existencia incompleta y vulnerable. Conocer un país es desdoblar y recorrer sus pliegues, solo así se puede decir que uno es, en lugar de simplemente estar.

(*) Publicado en Gkillcity, portal de periodismo alternativo, el 3 de febrero de 2014.

20.5.13

Final de época: Gkillcity y la muerte de la rebeldía*

1. De por qué pienso que Gkillcity es la cucaracha de la cocina en llamas

Cayó el Inmundicipio, caerá también Gkillcity. Me gusta pensar a estos dos espacios como Zonas Autónomas Temporales (siguiendo el concepto de Peter Lamborn Wilson), es decir, como territorios que mientras más alejados estuvieron de lo mediático y de lo estatal mayores fueron sus probabilidades de experimentar una verdadera libertad. El Inmundicipio desapareció y es saludable para todos; Gkillcity, por el contrario, está abandonando su cualidad de grieta y se está fundiendo en el entramado alienante del poder y de lo correcto. Ya lo advirtió Houellebecq: una buena fiesta es una fiesta breve.

Gkillcity nació como un arañazo al sistema de obediencia totalitaria que ha sido el socialcristianismo en Guayaquil. De sus textos podríamos elaborar una cartografía mental de la revuelta, como mínimo. Pero poco a poco la culpa inherente al progresismo sucumbió en una discusión permanente con ese enemigo casi imaginario que es el liberalismo en Ecuador. La podredumbre de la manzana no la produce el gusano sino el virus de la corrección política. Hay una frase que utiliza a menudo el escritor argentino Nicolás Mavrakis para referirse a quienes se permiten cargar enormes pesos sobre sus hombros morales: hormigas negras de la estupidez. Y se pregunta: ¿en qué se transforma la corrección política cuando deviene en espíritu patológico de control de la libertad ajena? En este caso respondemos que la rebeldía anti-establishment se convirtió en una posición rígida, creando lo impensable: una moralidad de la incorrección política, es decir, una patología de control casi invisible en la que se hace mofa de lo tradicional, de todo aquello que un marxista desubicado llamaría burguesía. Pensemos nada más en ese grito de batalla que es el Fuck you, curuchupa.

¿Y qué es ahora Gkillcity? Machos hegemónicos con vínculos en el poder gobernante. Representantes a la fuerza de una clase media normativizada por la “anarquía de la imaginación” (esa frase cojuda y tergiversada de una película que representa muy poca cosa). Querían ser lomenor y ahora ejercen la libertad como espectáculo, son el panóptico desde donde se articulan las imaginerías de lo rebelde cool.

Mis primeras colaboraciones para Gkillcity fueron en la sección de la Crónica del barrio. En ese momento no era consciente de mi desinterés por la crónica y  su enfermedad: el croniquerismo, que tanto afecta al periodismo local. Precisamente porque he sido parte, ésta es la sección que más he criticado. A ese primer equipo de cronistas se nos había indicado que debíamos describir nuestra zona, alejados de los lugares comunes que usan los diarios para tratar a los barrios, pero no ha funcionado, el balance entre la experiencia del cronista y los microsistemas de relaciones que llenaban el texto nunca fue equitativo. 

Podría contar con una mano los textos que merecen ser llamados crónicas y con menos dedos aquellos dignos de ser leídos. Esa confusión elemental en torno a la definición del género me pareció nefasta desde siempre, no se puede vender como crónica a un testimonio ni a una estampa costumbrista. Todavía me sorprende que el lector pueda permanecer tan indiferente al reporte meteorológico y a la introducción descriptiva. La muerte del periodismo no debería servir para engañarnos a todos.

Hace un año escribí en Twitter que Gkillcity se parecía cada vez más a un periódico cualquiera. Me mantengo en esa afirmación: se hace evidente la tibieza de ciertos textos y la irrelevancia de otros; la agenda periodística es cada vez más delgada. Lo que lo diferencia y lo salva es su posición política, que he denominado como síndrome de Lisa Simpson.

Gkillcity es la mirada bacán al ombligo propio. Es denegación e identidad confusa, como se lee en las primeras líneas de la descripción que está en su website. Esa exaltación del pueblo es innecesaria cuando se trata de un medio a todas luces elitista (una élite clasemediera con acceso a internet y a las deficiencias de la educación institucional). Toda la gogotería de lo urbano me sabe a años setenta, a realismo sucio, a pornomiseria, en fin, a un pasado sin superar. Gkillcity tiene un regusto a populismo que ni los sesudos análisis coyunturales de Arduino Tomasi o de Xavier Flores son capaces de eliminar. No tienen por qué, tampoco, siendo esa esencia errada la piedra fundacional de la página. Y ¿quién los lee? ¿Cuál es el público fiel de Gkillcity? Básicamente, el que está en Twitter, el pequeño jardín de los micro-intelectuales narcisistas. Y está bien, asúmanlo y dedíquense a su público de lleno, no militen el pobrismo ni lo popular marginal, no jueguen al Zizek criollo.

Una pregunta más: ¿quién lee artículos tan largos como aburridos? Antes dije que la audiencia es la que está en Twitter, aquella que no está dispuesta a consumir contenidos de forma tradicional, pero en Gkillcity parece que prefieren la comodidad del formato periodístico convencional. Más allá de los temas y del nivel de análisis, en Gkillcity no han sabido acoplarse al ritmo web, a las lecturas fugaces y a la evanescencia de los intereses; en ese sentido se comportan como un diario más. Un ejemplo: cuando se dio la polémica por la crónica de Arturo Cervantes sobre los “perros suicidas”, el CM de turno en Gkillcity lanzó un tuit sobre la irrelevancia de debatir un texto tan antiguo, lo que me pareció acertado, a pesar de que luego José María León asumiera la responsabilidad de dicho tuit y se disculpara por querer terminar la discusión. Allí vemos que incluso los lectores (casuales o no) tienen a Gkillcity como un diario más, y no como una revista virtual en la que los contenidos envejecen día a día, y en la que las opiniones de un testimonio poco gracioso no definen una línea editorial inexistente.

El internet trajo el fin de la verdad y el periodismo no termina de darse cuenta. Gkillcity, por lo tanto, tampoco. Las estrategias de este website son tan antiguas como el siglo XIX. Pensemos en Gkillcity como una vieja embarazada, donde el periodismo está en su punto álgido: lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. La opinión ha ocupado un lugar central en Gkillcity, igual que en cualquier periódico, como gancho principal para atraer lectores (a veces con lecturas negativas como la del texto de Arturo Cervantes); sin embargo, hasta ahora han asumido con ineficacia el interés creciente de la generación del internet por los datos duros y las estadísticas, allí está el futuro del periodismo.

El discurso (periodístico) de Gkillcity se ha dado, además, como herramienta de intervención en lares publica, a través de una aristocracia de la subjetividad que maneja su propia agenda periodística (que no es lo mismo que una línea editorial, ya hemos visto que Gkillcity no la tiene). El resultado es un lobby de intereses progresistas, con ideas que, si bien tienen la intención de beneficiar a otras personas, terminan por perjudicarlas. Y aquí podemos insertar una contradicción esencial: los abusos de poder del presidente Correa no han merecido ninguna mención especial, salvo unos tímidos intentos de cuestionarlo cuando se dio la entrevista para ECTV, en medio de un ambiente de nerviosismo total.

2. De por qué las cucarachas pueden sobrevivirnos

La semana pasada me escribió José María León, editor de este magazine, para pedirme que escriba algo “en el estilo de Por qué odio a Gkillcity”, una crítica que sería publicada en la edición número cien. Yo no odio a Gkillcity, fue mi respuesta, pero José María respondió con un “sí te le cargas un chance”. Quise partir de estas dos frases del editor para intentar esta crítica que deberá ser corroborada o refutada por los lectores de Gkillcity, nadie más adecuado.

Si algo es importante de aprender en la vida es a realizar lecturas críticas y a desembarazarse de la obligación moral de aportar al debate nacional. Más ética, menos buena onda. Para el club delbuenaondismo están los periodistas obedientes y los analistas de Facebook. Hay que deshacerse de esa filosofía barata y pedante del “no critiques y hazlo mejor”, ruin para una sociedad.

Desde el principio miré con distancia a Gkillcity, sin embargo, estuve en su fiesta de inauguración en el Inmundicipio, e invité a una clase de mi universidad a que asistan. Primero me interesó la propuesta pirotécnica e informal, muy a lo épater le bourgeois del decadentismo francés. A Ernesto Yitux y a Andrés Loor los conocía del medio anarquista local y de su blog Guayaquil Insumiso y el documental Guayaquil Informal, que de alguna forma anuncian y preparan el terreno a Gkillcity. De Xavier Flores admiraba la lucidez y la insistencia por argumentar su credo político. Del resto sigo sin saber demasiado, estoy seguro de que son un poco más que “un grupo de abogados”, como me dijo alguna vez Arturo Cervantes, y más que un Blanquito promocionando un servicio de telefonía estatal.

Aparte de las crónicas del barrio, he publicado en Gkillcity unos cuantos textos que fueron rechazados en otros medios. Uno de ellos fue un análisis de  la Feria del libro del año pasado, en el que enumeraba, sobre todo, desaciertos, y explicaba cómo la militancia excesiva limita cualquier buena intención. Otro fue una crónica de la última noche del bar Guayaquil de la Culata, conocido por sus recitales de poesía, y que estuvo clausurado temporalmente por la administración municipal antes de entrar en crisis y cerrar definitivamente. Esto es lo que rescato de Gkillcity, su apertura para acoger, aunque sea por un rato, un discurso fuera de su círculo interno pero que también forma parte de una ciudad acrítica y olvidadiza, que confunde pragmatismo con inmediatismo e ignorancia.

Lo positivo de Gkillcity es que ha logrado “customizar” sus contenidos de acuerdo a las preferencias de su grey (una muy progresista, reducida y muchas veces demasiado correcta). La “customización” de la línea editorial en el periodismo digital es clave cuando el periodismo tradicional está en una crisis de muerte por seguir usando fórmulas de hace más de cien años. Sería un error inyectarle imparcialidad a Gkillcity porque, claramente, hay una corriente ideológica desde la que se enuncia el discurso que no tiene por qué ser alterada, si es que hablamos de honestidad ética.

Retomando lo esbozado anteriormente alrededor de la figura del pueblo, me parece que cabría mejor hablar de generación. Cuando pienso en Gkillcity pienso en una generación nueva que por fin se está dedicando a discutir políticamente en todos los ámbitos que su juvenil y casi desmedida ambición les permite, que son bastantes.  Cuando pienso en Gkillcity pienso en el significado de masa crítica. Pienso, además, en ese acto casi performático que fue presentarle a la arquidiócesis unas decenas de firmas de personas queriendo apostatar, y del boom que se creó en los medios, tan sorprendidos como desubicados.
La  broma del editor de Gkillcity como poder fáctico está dejando de serlo. Hay que leer este proceso dentro del contexto de un final de época que, parafraseando al crítico literario Maximiliano Crespi, se estructura siempre como evangelio. Y es allí, en ese autoritarismo de los sentimientos, donde muere la individualidad y, finalmente, la posibilidad de la rebeldía.
(*) Publicado en Gkillcity, portal de periodismo alternativo, el 20 de mayo de 2013.

3.12.12

¿Muere también la poesía?*

Amanda Pazmiño leyendo
El pasado jueves 22 de noviembre se vivió lo que sería, aparentemente, la última noche de poesía instaurada por el bar Guayaquil de la Culata.

Freddy Girón quiso rescatar el espíritu antiguo de la ciudad y bautizó a su bar de la zona rosa como Guayaquil de la Culata, haciendo alusión a uno de los primeros nombres del Puerto Principal. Allí se reunían desde artistas de todo tipo, hasta amantes de la salsa y del rock ochentero.

Pero hace menos de un mes el bar cerró sus puertas. Una ordenanza del municipio, que manda cumplir con un metraje mínimo tanto del área interior de los locales como de su parte frontal, provocó el cierre de al menos 31 establecimientos.

Ahora, el encanto de Guayaquil de la Culata, con sus infaltables recitales de poesía y trova, se trasladó al bar Magade, no tan lejos y no tan distinto. Carlos Torres, su nuevo propietario, comentó que quieren mantener la propuesta implementada por Girón: “no hay un lugar donde se reúnan los poetas; aunque vengo trabajando otro tipo de formato, uno más popular, quiero continuar la idea, además de presentaciones musicales como los sábados de salseros, por ejemplo.” Torres es también percusionista de la agrupación de salsa Urakán Tropikal.

El jueves pasado se realizó la ritual lectura, en la que estuvieron, entre otros reconocidos escritores locales, Juan Carlos Cucalón, Aleyda Quevedo, Luis Franco, Amanda Pazmiño y Siomara España. Todo bajo la dirección de Lucy Hidalgo, encargada desde siempre del área cultural de Guayaquil de la Culata.

“Nuestro segmento se lo llevó a cabo desde mayo, no solo hemos tenido poesía sino también música folklórica internacional, teatro, canción protesta. Nos han visitado alrededor sesenta autores de todo el país, e incluso colombianos, peruanos y argentinos”, dijo Hidalgo.

Esa noche también estuvo Armando Alzamora, de Perú, quien bromeó con ser autor del libro más robado de la Feria del libro de Quito, ya que perdió veinte ejemplares en la cita literaria. Él leyó en Guayaquil de la Culata antes de su cierre y ahora vino como público antes de su regreso a Lima.

Con pantalón rojo, camisa Lacoste y el pelo recogido en una cola de caballo, el narrador Juan Carlos Cucalón leyó dos relatos inéditos llenos de picardía y humor ácido. Mencionó que “ya estuve acá una vez y me sentí muy a gusto, se forma un ambiente agradable y es casi como una reunión de amigos”. Don Cuca, como lo llaman todos, es guayaquileño pero radicado en Quito, y el único prosista en esa noche de vates.

Luis Franco es de Santa Rosa, cerca de Salinas, y ya ha venido a las lecturas en otras dos ocasiones. Él es organizador del festival de poesía Sumpa Vive y actualmente prepara la antología del evento, llamada “Voces para el naufragio”. A su lado estuvo Hidalgo, quien se mostró preocupada “porque a las doce llega la policía a tocarnos la puerta”.

En el intermedio, se dio la intervención de Evocación, un conjunto joven de música nacional. Dos guitarras y un bongó acompañan la voz de Elizabeth Villacís. Además de ellos se presentó Jimmy Brito, quien con una guitarra eléctrica y una laptop animó la noche con una versión de “My Way”, de Frank Sinatra.

“Estaba en el (festival) Ileana Espinel y me enteré por una amiga de que iba a haber una lectura, vine porque me interesa”, me lo dijo César Ramírez en la barra del bar. Él estudia psicología y se acercó a conversar porque me reconoció de la facultad. Le dije que había venido a cubrir, él pidió algo para picar y lo perdí de vista.

Entre el público estuvieron también otros asistentes e invitados del festival de poesía Ileana Espinel, que se desarrolló la semana pasada. Su mesa fue la más bulliciosa y la que más aplaudió las intervenciones de Aleyda Quevedo y Siomara España; esta última dijo, antes de leer, que “perdonarán… tuve un inconveniente con el ron”.

Pasaron las horas, el local se llenó de humo y meneos de cabeza cada vez que un verso llegaba al corazón de alguien. De repente la sobriedad poética perdió la compostura y se convirtió en un alegre baile al son de la salsa. Pasada la medianoche, efectivamente, llegaron cuatro policías para hacer cumplir la ley.

(*) Publicado en Gkillcity, portal de periodismo contracultural, el 3 de diciembre de 2012.

20.11.12

Santiago Roldós cuestiona el valor de la soledad*

Una tragicomedia escrita y dirgida por el dramaturgo guayaquileño que aborda los sucesos de la infancia.

"Voy a tener un teatro pintado de negro en un lugar donde a nadie le importa", es uno de los diálogos que se dice en Ensayo sobre la soledad, la más reciente obra de la agrupación Muégano Teatro. 

Esta frase, que levanta risas entre el público, es también una fuerte autocrítica: la puesta en escena de esta producción sobresale por la ausencia de color, y Guayaquil no es precisamente una meca de las artes escénicas.

Escrita y dirigida por Santiago Roldós, con la actuación de Pilar Aranda, Marcia Cevallos y Aída Calderón, Ensayo sobre la soledad inicia su temporada en la Sala Zaruma del Teatro Sánchez Aguilar, del sábado 17 de noviembre al domingo 2 de diciembre.

Presentada este mismo año en el Festival Internacional de teatro de Manta, en el FIARTES de Guayaquil y en la Casa Abierta del ITAE, la creación de Muégano presenta algunas variaciones que responden, a decir de Roldós, "a la necesidad de profundizar en los conflictos, ya que una obra de teatro, normalmente, contiene muchas otras más que, debido a la mecanización y la repetición, suelen quedarse invisibles".

En Muégano apuntaron inicialmente a crear una obra para niños, quienes carecen de opciones de diversión libre de consumo. En el camino, Ensayo sobre la soledad se transformó en una indagación sobre la infancia.

"Hace falta una relación no clientelar con los espectadores. Doy el ejemplo de La Candelaria (grupo teatral de Colombia), cuando dijeron que el nuevo teatro colombiano sólo surgiría si lograban crear un nuevo tipo de público, maduro y exigente. Entonces, tiene sentido pensar, con respeto y la mayor inteligencia, que la cultura teatral nace desde temprana edad."

El teatro es una experiencia que solo queda impresa en la memoria, es irreproducible. A diferencia de otro tipo de discursos como el ensayo o la literatura, lo efímero del teatro es "muy similar y sintético en relación a la infancia, que esencialmente es el lugar de aprendizaje de la renuncia y la despedida".

El minimalismo de la escenografía contrasta, también, con otras producciones locales. Según Roldós, hacen un teatro "con gran economía de medios, que apuesta a una enorme riqueza emocional e intelectual", esto bajo la premisa fundamental de divertir a la vez que subvierten. 

De allí que se mencionen como influencias a Les Luthiers, Bugs Bunny y Brecht, pues, hay un interés en las experiencias vitales más que en la estética y sus efectos. "Si Bugs Bunny es un referente, no lo es sólo en tanto su estética o sus efectos, sino que remite a cómo llenaba los espacios de soledad de mi infancia".

Una obra de teatro es esencialmente una pregunta, afirma Roldós, y en esta pieza se cuestiona el valor de la soledad con momentos cómicos y otros, más bien, sombríos. Entre estos últimos está cuando una de las actrices dice: "lo más divertido es jugar a morirse", una cita textual oída en un parque a un niño. El sentido del humor que se maneja es el de la provocación.

"La comedia es el género político por excelencia, de ahí que sea tan terrible que la comedia hegemónica en Ecuador esté al servicio del poder y los prejuicios", asevera el director. La política de Ensayo sobre la soledad es la de los afectos, nunca en el sentido degradado de la lucha electoral, por poner un ejemplo. Podría decirse que Guayaquil vive un boom del teatro, con presentaciones cada semana. Ante la interrogante de si pasamos por una moda, Roldós piensa que "igual disfraza una necesidad vital. La cuestión de la madurez del teatro es una pregunta sobre la madurez de la sociedad, y de la autocrítica a la que está o no dispuesta a generar. Espectador teatral es alguien capaz de mirar con extrañeza y criticidad su cotidianidad". El tiempo nos lo dirá.

(*) Publicado en el diario Hoy, el 20 de noviembre de 2012.

11.11.12

Un Frankenstein teatral en blanco y negro que da risa*


La obra que se presenta en el Teatro Sánchez Aguilar, expone al mítico personaje con una dosis de humor y eclecticismo 

Al son del Bolero de Ravel, un coro de 14 personajes vestidos de negro con batas blancas baja por los escalones del teatro. Dividido en dos grupos, el coro se desplaza lentamente, mostrando al público, fila por fila, expresiones faciales exageradas junto a movimientos corporales repetitivos y descoordinados. Es el inicio de la primera escena de Frankenstein, la obra teatral que se presentará en la Sala Principal del Teatro Sánchez Aguilar en Guayaquil.

La productora Daemon trabajó una vez más en conjunto con el TSA y, en esta ocasión, con la colaboración de la Universidad Casa Grande. Más de 70 personas estuvieron involucradas en su realización y, a pesar de la publicidad y varias presentaciones de promoción, la obra ha sabido mantener sus secretos para sorprender a los espectadores. Sin embargo, por boca de Jaime Tamariz, director y productor, se sabe que hay un castillo de tres pisos, además de música original interpretada en vivo, incluso con un piano de cola que permance en escena. 

El Frankenstein de Daemon es, en palabras de la productora y encargada de la dramaturgia, Denise Nader, un reflejo de la criatura en sí misma, por lo fragmentada, caótica y divertida. Además, es el fruto del mestizaje de influencias muy diversas. En ese sentido, Tamariz comentó: "Se nota su cualidad ecléctica. Partimos de la película Young Frankenstein (Mel Brooks, 1974) para hacer un homenaje al cine de terror de la década de los treinta, sin alejarnos de la obra original de Mary Shelley". 

Brooks hizo una parodia de la obra literaria original, pero también rindió tributo al cine expresionista alemán. Nader afirma que se mantuvo el humor del filme pero como "elemento narrativo, expresivo de la realidad y de los sueños, se puede contar algo muy serio con humor y no empequeñecerlo un ápice".

El coro, que rompe la cuarta pared al surgir de entre los espectadores, marca la pauta para la ruptura y las exploraciones, características del trabajo de Tamariz. Al aporte de Brecht se suma el de Meyerhold con su biomecánica. La gestualidad de los actores supuso comunicar con el cuerpo. Por otro lado, resulta irónico que, tomando en cuenta que el expresionismo alemán fue una manera de crear sin recursos usando el ingenio para lograr efectos dramáticos y no decorativos, esta producción actual no escatime en gastos para reproducir lo que otros hicieron sin mayor financiamiento. 


"Esta historia busca intensidad, es una revisión de varias versiones en búsqueda de algo más personal. No estamos buscando realismo", aseveró Tamariz. La puesta en escena es, en su totalidad, en blanco y negro, lo cual favorece la expresión, pero fue mucho más laborioso para efectos de la producción. 

Alberto Pablo Rivera, quien personifica a la criatura, cuenta que no se ha creado un monstruo para asustar. Para preparar su personaje, el actor dijo tuvo que apagar su mente y reaccionar a las situaciones como si fuera un niño, volver a tener la capacidad de sorprenderse. 

Entre los actores hay tres españoles con una trayectoria en Madrid en televisión, teatro y cine: José Burgos, que ya vino para hacer arte, y también actuó en El Montaplatos y ahora será el Doctor Frederick Frankenstein; Ana Morgade, que vino para ser asistente de dirección en arte y ahora es Inga; y Paula Galimberti, que será Elizabeth, la novia del Doctor. 

Los actores ecuatorianos son: Marina Salvarezza (Frau Blucher), David Reinoso (Burgomaestre Kampf), Alejandro Fajardo (Igor) y Pablo Rivera. "Interpreto a dos personajes con los que exploro bastante -dice Reinoso, conocido por su labor en el programa humorístico Vivos-. La obra tiende a la hilaridad, algo que no es tan distinto al trabajo que he desempeñado".

Las actrices españolas coinciden con él, las improvisaciones fueron comunes: "partiendo desde el texto para hacerlo crecer a un punto en donde nos encontramos cómodos y hace bien a la obra", añadió Galimberti. 

Por su parte, Marina Salvarezza, originaria de Italia y residente por largo tiempo en el país, aseguró indentificarse más con la estética de la obra fue. "Me identifico con la forma original del expresionismo. Creo que soy la más alemana del proceso… Los padres deberían venir con sus niños. Es un espacio ideal para compartir".

(*) Publicado en el diario Hoy, el 11 de noviembre de 2012.